Introducción

Los problemas de ludopatía o adicción al juego llevan presentes en nuestra sociedad desde hace ya varias décadas. Todos hemos oído hablar del trastorno que pueden generar las máquinas tragaperras, casinos o juegos de cartas.

En los últimos tiempos, con la proliferación de Internet, se ha incrementado una nueva modalidad: los juegos online. Estas actividades lúdicas están teniendo un efecto nocivo en personas cada vez más jóvenes. Con una cara más amable, pueden llegar de una manera más cercana a sus consumidores. Donde antes veíamos una máquina, ahora solo parece que vemos una actividad inocente mientras jugamos con nuestros amigos o vemos un partido de fútbol.

El perfil de los nuevos consumidores de juegos online ha cambiado, descendiendo notablemente la edad de consumo. Además, la posibilidad de que menores de edad accedan a jugar con dinero aumenta debido a la facilidad de crear falsos perfiles en internet y mentir acerca de la edad.

En la franja de edad de 15 a 24 años, el porcentaje de jugadores online se eleva al 5,1%, otros estudios aumentan el porcentaje hasta al 14% entre los adolescentes de 16 y 17 años (El Periódico, 2019). 

“Si hace unos años el perfil medio era de un hombre casado entre los 35 y 45 años, ahora a las asociaciones de todo el país llegan jóvenes de entre 18 y 25 años, estudiantes o parados sin responsabilidades familiares” (La Vanguardia, 2018).

Para analizar posibles causas del problema debemos hacerlo desde la base. Los valores y la educación son dos factores imprescindibles a tener en cuenta para poder encontrar un posible el origen.

Los valores de la sociedad han cambiado en las últimas décadas. El sociólogo Zygmunt Bauman describe en su obra “Modernidad líquida” un tipo de sociedad formada por sujetos con identidad flexible. El problema es que esa identidad se encuentra pocas veces basada en el “yo”, generando dependencia del otro, de lo material o de las metas (Universia, 2016).

La educación sobreprotectora es otro problema asentado en nuestra sociedad durante los últimos tiempos. La falta de desarrollo de la persona genera sentimientos de baja autoeficacia, baja autoestima, dependencia e inseguridad.

El psicoanalista Erich Fromm relata que el hombre sólo puede ser él mismo cuando es capaz de expresar sus potencialidades innatas, pero esto difícilmente llegue a ocurrir cuando su objetivo es poseer la mayor cantidad de cosas. En cambio, para lograr “ser” debe dedicarse a una actividad auténtica que no es otra que aquella que le permite un pleno desarrollo de sus capacidades (Psicología-Online, 2018).

 

¿Cuándo un juego se convierte en problema?

Vamos a diferenciar en primer lugar entre los juegos remunerados y los videojuegos online. Estos últimos también pueden presentar su problemática, sobre todo en menores, pero no sería tema de este texto. Nos referiremos a los juegos donde se apuesta dinero y que se realizan a través del ordenador.

Obviamente, no se puede considerar a cualquier jugador como ludópata ni a cualquier juego como dañino. Muchas personas comienzan a jugar a juegos por mero entretenimiento, pudiendo apostar dinero de manera puntual. Sin embargo, hay algunas personas que, por características idiosincrásicas de su personalidad, pueden caer en un problema mayor: el juego patológico.

El primer paso comienza con una necesidad de apostar dinero. Hay personas que pueden apostar dinero pensando erróneamente que van a obtener beneficios y que se retiran cuando se dan cuenta de que los beneficios no son tales.  Sin embargo, otras personas terminan cayendo en el engaño y necesitan continuar jugando, apostando y ganando (aunque en realidad pierden).

Con el paso del tiempo esta obsesión irá en aumento, dejando de lado a la propia persona, su autocuidado, las relaciones familiares, sociales o la propia economía.

Podemos diferenciar 3 fases donde se deja de ser jugador social para ser un jugador patológico (Custer, 1984):

  1. Fase de ganancia. La persona todavía juega poco. Empieza a tener ganancias y a darles cada vez mayor importancia. Minimiza las pérdidas. Empieza a depender del juego para mejorar su autoestima y optimismo.
  2. Fase de pérdida. Incrementa la cantidad de dinero invertido. Se va endeudando. Intenta salir de las deudas jugando más. Cada vez más irritable y distante de la familia y los amigos. La familia suele hacerse cargo de las deudas y el jugador suele hacer falsas promesas de que dejará de jugar.
  3. Fase de desesperación. El jugador recae de su conducta de juego, trata de ocultarlo de su familia y allegados. Puede cometer actos ilegales ya que se ven desbordados por las deudas. Deterioro familiar extremo. Pueden surgir otros problemas (alcoholismo, depresión, intentos de suicidio, etc.).

En los juegos online ocurre lo mismo. El primer paso sería apuntarse en una página de apuestas o de cartas. Posteriormente, se empezarían a invertir pequeñas cantidades de dinero. Si empiezan a llegar ganancias, la persona se vería reforzada e intentaría incrementar las cantidades apostadas.

Muchas casas de apuestas suelen dar un bono de dinero inicial para que la persona pueda empezar a jugar. Esto puede fomentar la sensación de que no estoy perdiendo dinero y aunque sea poco lo que gano, merece la pena seguir.

Por lo tanto, las pérdidas se ven como algo residual en comparación con lo que ingresan. Aquí es donde el tiempo dedicada al juego empieza a incrementarse drásticamente, con una dependencia directa hacia el estado de ánimo y la autoestima.

 

¿Cuándo hablamos de ludopatía?

El juego patológico a ludopatía se diagnostica en un sujeto que presenta una conducta de juego persistente o desadaptativa.

Existen características comunes (APA, 2002):

  1. Preocupación por el juego:
  • Preocupación por revivir experiencias pasadas de juego.
  • Compensar ventajas entre competidores o planificar la próxima “aventura”.
  • Pensar formas de conseguir dinero con el que jugar.
  1. Necesidad de jugar con cantidades crecientes de dinero para conseguir el grado de excitación deseado.
  2. Fracaso repetido de los esfuerzos para controlar, interrumpir o detener el juego.
  3. Inquietud o irritabilidad cuando intenta interrumpir o detener el juego.
  4. Utilización del juego como vía de escape de los problemas o de alivio del malestar emocional.
  5. Intentos repetidos de recuperar el dinero perdido.
  6. Se engaña a los miembros de la familia, terapeutas u otras personas para ocultar el grado de implicación con el juego.
  7. Se han arriesgado o perdido relaciones interpersonales significativas, trabajo y oportunidades educativas o profesionales debido al juego.
  8. Apoyo económico reiterado por parte de la familia y de los amigos.
  9. Posibilidad de cometer actos ilegales como robos, fraudes o falsificaciones.

El manual el DSM IV de la asociación americana de psiquiatría nos indica que es necesario que una persona cumpla por lo menos con 5 de estas características para ser diagnosticado de jugador patológico.

Por lo tanto, el problema se produce cuando se van apostado cantidades crecientes de dinero. Ya no es suficiente apostar una pequeña cantidad porque no genera excitación. En el mundo de los juegos online, las cantidades que se pueden apostar dependen del usuario. Por lo tanto, pasarán de apostar 5€ a 100, 200, 500, 1000, etc. Las ganancias que consigan las utilizarán para seguir apostando y ganando más.

Ya no hay vuelta atrás y los problemas van creciendo: problemas familiares, irritabilidad, falta de autocontrol, obsesión. Se van volviendo cada vez más obsesivos y centran su vida en el mundo del juego online.

 

¿Por qué son especialmente peligrosos los juegos y apuestas online?

  • Mayor vulnerabilidad de los jóvenes y menores

Personas que aún no han desarrollado una madurez pueden verse más atraídas por este tipo de juegos y apuestas debido al acceso a la publicidad (televisión, eventos deportivos, etc.) y menor control a la hora de acceder a ellos por internet.

  • Actividades normalizadas en la sociedad

La aceptación social es mayor hacia estos juegos o apuestas online que hacia otro tipo de actividades como las tragaperras o el casino. Además, las personas que juegan, muchas veces lo hacen desde su casa sin que nadie sepa a lo que se dedican, lo cual inhibe la mirada social o el control de otras personas. Es más complicado que se detecte a estos jugadores que a otros.

  • Apariencia inofensiva

Se presentan como meros entretenimientos donde parece que haya una gran oportunidad de ganar dinero fácil. Muchas veces las personas no son conscientes de las probabilidades de ganancia o de los intereses de las propias empresas de apuestas o juegos de cartas. La publicidad se encarga de ocultar la parte negativa y sacar solamente las grandes posibilidades que esto ofrece.

  • Mayor accesibilidad, menor esfuerzo

Posibilitan actuar bajo la ley del mínimo esfuerzo ya que ofrecen la posibilidad de jugar desde casa. Todos hoy en día tenemos acceso a Internet y ya no es necesario desplazarse hasta un lugar para jugar. Esto encaja muy bien en este tipo de esquemas psicológicos.

 

¿Qué explicaciones encontramos desde la Psicología?

En la emisión de cualquier actividad, el ser humano se basa en unos prejuicios valorativos almacenados en su personalidad o forma de ser (el sistema de referencia interno). Nuestras creencias internas van a generar el mapa de valores por el cual vivimos, nos adaptamos, sentimos y nos relacionamos.

Pero, ¿por qué son tan importantes estos mapas de creencias internas?. Cuanto más se acerque este mapa de valores a la realidad, podremos tener una mejor adaptación al medio. Estaríamos hablando de valores desde los que la persona actúa desde su potencial. Por ejemplo, quien considera importante el desarrollo personal, la autonomía, el aprendizaje o el esfuerzo como valores positivos desde los que realizarse, podrá tener una vida más adaptativa. Si la persona considera que hacer actividad es algo positivo en sí mismo (ya que está existiendo ella misma, desplegando esa actividad), sólo detendrá su hacer la valoración de que se actividad produzca alguna clase de daño, pero en el resto de los casos tendrá una alta disposición a ponerse en marcha y gastar energía. Sería la personalidad más constructiva.

El ejemplo opuesto lo podemos encontrar en creencias relacionadas con la necesidad de conseguir recompensas externas. El prejuicio más extremo sería el economicismo.

 

El prejuicio economicista

Si una persona considera que hacer alguna actividad es un gasto de energía que debe ser compensado de algún modo, tenderá a no hacer la actividad a no ser que aquello que prevea obtener, compense ese gasto de energía.

En los prejuicios economicistas, la realización de alguna actividad con su gasto de energía es analizada desde una posible ganancia. Los jugadores patológicos ven los beneficios como una ganancia muy fácil en comparación con el poco esfuerzo que hay que invertir. Además, dejarán de invertir esfuerzo en otras tareas que no proporcionen esas ganancias a corto plazo.

Tenemos una naturaleza cognoscitiva o mental donde aprendemos y nos desarrollamos. Esto es importante para lograr una autonomía y fortaleza. Si no existe este trabajo de actividad, difícilmente la persona se realizará. Como dice Erich Fromm, el hombre necesita expresar sus potencialidades innatas, pero esto difícilmente llegue a ocurrir cuando su objetivo es poseer la mayor cantidad de cosas (Psicología-Online, 2018).

 

Una parte fundamental de la educación de un ser humano consiste en formarle en una teoría económica sensata y “justa”, desde la que pueda partir para tomar decisiones inversoras o de gasto de energía sin que se dañe a sí mismo. Si esta enseñanza es errónea, puede que se llegue a un estancamiento del prejuicio valorativo conocido popularmente como: La ley del mínimo esfuerzo.

El economicismo impera muchas veces en contextos escolares, sociales y familiares. Desde esta perspectiva, se da importancia a poder obtener los máximos beneficios con los mínimos esfuerzos. Por ejemplo, a la hora de buscar una profesión, se valora más las ganancias materiales realizando los mínimos esfuerzos. Esto nos deja gobernados por creencias irreales y no fomenta valores para la buena salud mental como pueden ser la capacidad de esfuerzo, trabajo, educación, desarrollo, cooperación y aprendizaje.

En lugar de valorarnos por nuestras capacidades, nos valoramos por lo que conseguimos. Todo ello fomenta que la persona pueda caer en este tipo de trampas como son el juego patológico.

 

Los estilos de crianza

Los estilos educativos influyen en nuestras creencias, actitudes y sentimientos hacia el mundo. Lo que vivimos en el microentorno de nuestra infancia determina nuestra idea del macroentorno cuando llegamos a la edad adulta.

Existen diferentes estilos de crianza. Un buen estilo va a ayudar al desarrollo personal y generar un buen vínculo de apego, lo cual facilitará la adaptación. Un mal estilo puede alejarnos de la realidad del mundo, generando frustración, ansiedad, expectativas irreales y problemas relacionales.

Por lo tanto, una educación autonomizadora es necesaria para que el niño vaya adquiriendo una seguridad en sí misma, dando valor al aprendizaje, a la adaptación y a todo aquello que tenga que ver con su hacer como sujeto de su vida. Frente a este estilo existen otros menos adaptativos para el niño: estilo autoritario, estilo negligente y estilo permisivo o sobreprotector.

La educación sobreprotectora puede generar importantes problemas ya que sobrepasa los límites de la necesidad del niño, pasando a influir negativamente en el aprendizaje por él mismo y la capacidad de adaptación al mundo. Esto va a generar un adulto inseguro, con problemas de autoestima, sentimiento de baja autoeficacia, frustración y dependencia.

La sobreprotección puede terminar problemas como los relacionados con el juego. La persona termina sintiendo que lo importante no es él, sino el mundo. La necesidad de obtener lo máximo posible del exterior es más fuerte que el sentimiento personal. Las adicciones son trastornos basados en una fuerte necesidad del exterior.

Por lo tanto, como decía Bauman, se produce una fuerte dependencia de lo material y de las metas, con una falta de desarrollo del “yo”.

 

 ¿Qué medidas se pueden adoptar?

La primera medida y más importante se encuentra en la educación. Somos mucho más que lo que tenemos. Fomentar valores de esfuerzo, actividad, aprendizaje, fortaleza como positivos para el desarrollo del individuo para una buena adaptación a las necesidades y dificultades de la sociedad. Los modelos basados en una falta de desarrollo personal y dependientes de la consecución de bienes o metas externas pueden generar un déficit de autonomía en la persona que buscará desarrollarse por otros medios pudiendo caer en el juego.

Es importante invertir en un desarrollo autónomo del niño cuando va pasando a fases del desarrollo donde se incrementan capacidades mentales. Los valores personales que aprenden los niños en las familias y en la sociedad son de vital importancia. Aumentar la importancia de todo lo relacionado con el desarrollo personal, el esfuerzo y el aprendizaje posibilita crear adultos sanos, autónomos, independientes, con habilidades sociales y seguros.

Por otro lado, necesitamos una mayor concienciación social. Es necesario que la sociedad pueda tener información acerca de los problemas que estos juegos inofensivos pueden acarrear en ciertas personas. También es fundamental tener conocimientos acerca de las probabilidades de éxito en este tipo de juegos para no caer en la trampa del dinero fácil.

A nivel legislativo parece que no se están tomando tampoco las medidas necesarias para alejar este tipo de juegos de los sectores más vulnerables de la sociedad, como pueden ser los menores. El acceso a juegos de póker o apuestas deportivas de estas personas nos hace ver que las medidas son insuficientes.

Son muchas las medida legislativas y sociales que se pueden tomar para reducir esta problemática. Sin embargo, se hace necesario una prevención primaria empezando por la educación y los valores que enseñamos. De esta manera podremos evitar esta y otras patologías.

Nuestra labor como psicólogos también es importante para ayudar a estas personas. Una buena terapia basada en un modelo de cambio de creencias sería fundamental. Aprender a sustentarnos en valores reales que tengan que ver con nuestra valía personal es la clave para tener capacidad de adaptación, autonomía y no caer en necesidades más inmaduras que nos llevan a realizar estas conductas desadaptativas.

 

 

Bibliografía

  • APA. (2002). DSM IV. Washington.
  • Custer, R. (1984). Profile of the pathological gambler. Journal of Clinical Psychiatry, 35-38.
  • El Periódico. (01 de 01 de 2019). el Periódico. Obtenido de https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20181210/encuesta-edades-juego-online-apuestas-alcohol-drogas-cannabis-7192868.
  • La Vanguardia. (01 de 11 de 2018). La Vanguardia. Obtenido de Economía: https://www.lavanguardia.com/economia/20181101/452675925890/apuestas-deportivas-crecimiento-ludopatia.html.
  • Psicología-Online. (13 de 03 de 2018). Psicología-Online. Obtenido de https://www.psicologia-online.com/las-convicciones-de-erich-fromm-ser-o-tener-2999.html.
  • Universia. (20 de 10 de 2016). Universia Noticias Cultura. Obtenido de http://noticias.universia.net.mx/cultura/noticia/2016/10/20/1144779/introduccion-teoria-modernidad-liquida.html.

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Adrian Jedrzejczak Golabek
Adrian Jedrzejczak Golabek