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Autoestima. Conceptualización, desarrollo y trastornos asociados

Entendida la autoestima de forma general como el aprecio o valoración que uno mismo se tiene a sí mismo, se nota que es algo importante y que hay que cuidar. Aun así, muchas veces no se sabe o uno no se para a pensar en el por qué es tan relevante la autoestima o qué puede acarrear un exceso o falta de ella. En gran medida, esto suele suceder por falta de información, ya que el término en sí está muy utilizado pero la profundización en él no tanto. Dicho esto, en las siguientes líneas se hablará de la composición de la autoestima, de la necesidad de mantenerla óptima y equilibrada y de los riesgos de que esto último no sea así.

Desde el punto de vista psicológico, la autoestima está constituida por el autoconocimiento (conocer las cualidades, habilidades, actitudes etc.), el autoconcepto (conjunto de características físicas, intelectuales, afectivas, sociales etc.), la autoaceptación y el autorespeto. Se va construyendo desde la infancia, y depende en gran medida de la forma de relación con las personas significativas, concretamente con el grupo primario (familia). Por ello es muy importante el papel que juegan los padres en la autoestima de los hijos, ya que para desarrollarla correctamente es necesario, entre otras cosas, expresarles amor y animarles en sus iniciativas individuales (minimizando los errores y tratándolos como experiencias de aprendizaje). También es de relevancia, el tener cuidado con las expectativas poco realistas sobre las posibilidades de los hijos, ya que pueden causar en ellos el deseo de aprobación y afecto, así como la necesidad de conseguir metas personales que no estén de acuerdo con sus verdaderas aspiraciones individuales y sus auténticas capacidades, lo que llevará a experimentar los fracasos como pérdida de autoestima.

He aquí entonces el gran impacto que tienen los grupos sobre el individuo, en este caso el primario sobre la autoestima. Pueden generar un sujeto sano y también deteriorarlo. Por ello el grupo secundario (relaciones sociales fuera de la familia) en muchas ocasiones tiene efectos reparadores.

Una vez expuesto el concepto de autoestima y el papel fundamental de los grupos en ésta, habría que preguntarse: ¿cuáles pueden ser los efectos psicológicos de tener un déficit o exceso de autoestima?

Generalmente la baja autoestima está directamente interrelacionada con trastornos como la depresión, la ansiedad o la alimentación. Esta relación que guarda con este tipo de problemas es bidireccional, es decir, se retroalimenta la una a la otra. Así pues, en trastornos como la ansiedad y la depresión, la autopercepción negativa e infravalorada de uno mismo será la causante de padecer dichos problemas, y a su vez, al encontrarse así, añade más sentimiento de no valer, y por ello, se mina aún más la autoestima de uno.

En cuanto a los trastornos asociados a un exceso de autoestima, resaltan los de personalidad. Los más comunes son el narcisista (cree que sus habilidades son superiores a las reales y tiene una excesiva necesidad de admiración, siendo muy egoísta y sin importarle los demás), la manía (etapa dentro del trastorno bipolar en donde la persona se siente invencible) y los delirios de grandeza (dentro de la esquizofrenia y la paranoia).

En conclusión, hay que cuidar y trabajar en mejorar la autoestima, ya que al final, es el componente central de nuestro yo, y por lo tanto, tener un equilibrio psicológico depende en gran medida de ello.

 

JAVIER ARZA. PSICÓLOGO EXPERTO EN PSICOLOGÍA COGNITIVO-CONDUCTUAL

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