Introducción

Vivimos en un mundo de constantes cambios, donde los valores cambian de manera repentina y las capacidades necesarias para enfrentarnos a las circunstancias vitales parecen tener que reaprenderse permanentemente.

La autoestima es la confianza en nuestra propia capacidad para pensar y enfrentarnos a los aspectos básicos de la vida. Por lo tanto, una baja autoestima nos pondrá en clara desventaja para poder estar adaptados a nuestros tiempos.

Además, vemos que casi todos los problemas mentales cuyas causas no son puramente biológicas se producen en personas que tienen algún tipo de problema con su autoestima. La baja autoestima nos influye también en la toma de decisiones en aspectos tan trascendentales como la elección de una pareja o una carrera profesional.

Podemos describir tres aspectos fundamentales relacionados con la autoestima: el sentimiento de capacidad de aprender de la realidad, la consciencia del valor personal como ser real y el merecimiento de ser feliz y realizarse.

Las creencias que tenemos acerca de nuestro valor personal y de la manera en la que debemos existir en la realidad pueden no ser positivas y generar una desconfianza y un sentimiento negativo respecto a la propia existencia.

El periodo infantil del desarrollo es un punto clave para adquirir una buena autoestima. Algunas negligencias de los progenitores en momentos clave donde no se favorece al niño pueden estar detrás algunos problemas de este tipo.

 

Algunas definiciones de Autoestima

La palabra autoestima del griego: «autos», que significa «por sí mismo» o, «hacia sí mismo», adicionado a la palabra estima, que proviene de latín «aestimar», que significa «valorar», «apreciar» (Definiciona, s.f.).

Así, la autoestima no es otra cosa de la valoración o el aprecio hacia sí mismo. Veamos otras definiciones más elaboradas que proponen diferentes autores:

  • El psicólogo humanista Carl Rogers definía la autoestima como la constitución del núcleo básico de la personalidad, raíz de los problemas de las personas. La autoestima en que todo ser humano, por el mero hecho de serlo, es digno de estimarse a sí mismo y que se le estime (Psiqueviva, 2013),
  • Para Branden (1994), la autoestima es la confianza en nuestra capacidad para pensar y enfrentarnos a los aspectos básicos de la vida, confianza en nuestro derecho a ser felices y a disfrutar del fruto de nuestros esfuerzos.
  • Para García (2018), es el valor que un sujeto se reconoce a sí mismo por su capacidad para existir. Lo define como la capacidad que estime tener la persona para hacer existir su esencia mediante lo que haga en sus relaciones.

 

 

¿Por qué es tan importante la autoestima?

Nos toca sobrevivir en un mundo con ciertas dificultades, donde hemos de adaptarnos a los constantes cambios. Las capacidades cognitivas que tenemos las personas para adaptarnos a los cambios son parecidas, sin embargo, el cómo valoramos estas capacidades es una de las diferencias fundamentales y es la clava a la hora de tener una alta o baja autoestima.

Una persona que valora su capacidad adaptativa para enfrentarse a las diferentes circunstancias de la vida tendrá más posibilidades de éxito que una persona que no confíe en sí misma.

Podemos decir que encontrarnos en este mundo con una baja autoestima es una seria desventaja (Branden, 1994). La autoestima es una necesidad humana profunda y poderosa, esencial para una sana adaptación. Sin autoestima, sufrimos y afectamos nuestro desarrollo.

Por otro lado, aparte de las alteraciones de raíz biológica, no se puede pensar en un solo problema psicológico que no pueda remontarse, al menos en parte, al problema de una autoestima defectuosa (Branden, 1994). Podemos decir que la autoestima baja estará presente en problemas como: ansiedad, depresión, bajo rendimiento académico y laboral, abuso de sustancias, problemas de pareja, trastornos sexuales o suicidio.

Existen correlaciones positivas entre una buena autoestima y la creatividad, flexibilidad e independencia (Branden, 1994). La capacidad de reconocer los propios errores es una función muy importante también. Por lo tanto, la autoestima es fundamental para crecer en lo personal y adquirir un buen desarrollo madurativo.

Una baja autoestima se relaciona con mayor irracionalidad, ceguera ante la realidad, rigidez, miedo a lo desconocido, defensividad, sumisión, rebeldía y conformismo.

“Una autoestima poco adecuada se puede revelar en una mala elección de la pareja, en un matrimonio que solo presente frustraciones o en una profesión que no lleva a ninguna parte”.

 

Características de una buena autoestima

Podemos definir la buena autoestima como la valoración positiva hacia uno mismo  desde diferentes niveles de conocimiento: una percepción, un sentimiento, un pensamiento y en último lugar, una creencia sobre mi valor como alguien real.

Como se ha explicado en otros artículos, las creencias serían la base de los sentimientos y pensamientos que tenemos hacia nosotros mismos en relación con el mundo. Por lo tanto, el cómo yo crea que es mi valor como ser, determinará mi autoestima.

Dentro de las creencias que tenemos hacia nosotros mismos, encontramos 3 factores principales que determinarán que tengamos una buena autoestima:

  • Capacidad para aprender de la realidad.

Es el sentimiento que tiene uno mismo de que puede aprender de la realidad para poder existir en ella y enfrentarse a los diferentes retos que se les plantea.

Se trata de una confianza en nuestras propias capacidades de pensamiento y enfrentamiento a los desafíos de la vida. Es muy importante que pueda sentirme seguro de mí mismo como un ser dotado de todas las capacidades necesarias para existir.

Es muy importante que entendamos el concepto de “realidad”. Un ser que no se rige por la realidad tendrá muchas dificultades para poder tener acciones adaptativas en su vida. Esto es debido a que nuestra naturaleza está creada para existir en la realidad y adaptarnos a ella y, cuando esto no ocurre, no tenemos creencias positivas hacia nosotros mismos.

Esta capacidad no exime a las personas de tener problemas y dificultades que les produzcan un malestar, pero una persona con confianza en sus capacidades se esforzará más por superar posibles baches que una persona con baja autoestima, la cual no se enfrentará a muchas de las situaciones que se le planteen por miedo e inseguridad (Branden, 1994).

“Una persona con alta autoestima puede sufrir crisis y derrumbarse por los problemas que le surgen en la vida, pero se repondrá mucho más rápido y podrá superarlos y seguir adelante”.

 

  • Consciencia y reconocimiento de uno mismo como valioso.

Es necesario ser consciente de uno mismo como alguien real.

Partiendo de la base de que lo real es existir, si yo soy un ser real, entonces existo y soy valioso porque pertenezco a la realidad.

Pero para poder hacerlo, necesitamos un factor fundamental: ser conscientes de nosotros mismos.

Existir, sin saber o ser conscientes de que uno existe es como estar muerto en vida, y en esa sensación es cuando sentimos angustia, ansiedad, desesperación, etc. Así, los seres humanos necesitamos tener conciencia de nosotros mismos, conciencia de que existimos (García C. , 2014).

Excepto cuando dormimos, el ser humano tiene la necesidad de ser objeto de una conciencia humana, ya que no tolera la total inconsciencia de sí mismo. La autoestima no sería como muchas veces se habla “quererse a sí mismo/a” o estimarse a sí mismo/a, sino que más bien se refiere a estimarse y captarse como alguien que existe y es real.

Es decir, La autoestima es sentir que uno es real, mientras que la falta de autoestima no es más que decir que uno, que es algo, se cree que es nada, es decir, es no tener conciencia de uno mismo.

Por lo tanto, es importante que me reconozca como ser real, que me mire a mí mismo y que sea consciente de mi valor. Si no soy consciente de mí mismo como ser real que existe, no tendré autoestima.

“Cuando entendemos el concepto de realidad, siendo conscientes de nosotros mismos y viéndonos dentro de ella, no podemos hacer otra cosa que tomarnos como alguien valioso”.

 

  • Confianza en el derecho de ser feliz y realizarse como persona.

La autoestima es también sentirse merecedor de existir con las consecuencias que esto conlleva. La naturaleza del ser humano nos dice que no somos seres vivos que basan su existencia únicamente en la supervivencia, sino que tenemos las facultades para poder tener una vida plenamente satisfactoria.

Por lo tanto, para tener una buena autoestima necesito sentirme merecedor de ser feliz, con derecho a realizar todo aquello que necesito para realizarme en mi vida. Es el sentimiento de que puedo desarrollarme en los campos que yo quiera (laboral, social, personal, pareja, familiar, etc.).

Para Branden (2014), la autoestima tiene que ver con nuestro derecho a triunfar y ser felices, tiene que ver con el sentimiento de ser dignos y de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y carencias, a alcanzar nuestros principios morales y a gozar del fruto de nuestros esfuerzos.

Habría una retroalimentación permanente entre nuestras acciones y nuestra autoestima, influyendo la una sobre la otra.

Cuando existe una baja autoestima, la persona tiende a estar más influido por el deseo de evitar el dolor que por el de experimentar la alegría.

“La esencia de la autoestima es confiar en la propia mente y saber que somos merecedores de la felicidad. Es algo más que una opinión o un sentimiento, se trata de una fuerza motivadora que inspira un tipo de comportamiento”.

 

Causas de la baja autoestima

Conociendo las principales características que tendrá una persona con alta autoestima, podemos exponer los motivos detrás de los cuales esa autoestima pueda estar afectada.

Las características principales de una persona con baja autoestima serían:

  • Sentimiento de incapacidad

La persona no se siente capaz de adaptarse a los distintos retos que plantea la vida. Puede no sentirse capaz de sostenerse a sí misma y verse incapaz de adaptarse a las circunstancias que le tocan, a pesar de tener las facultades necesarias para ello.

La baja autoestima que esto genera tiene su base en las creencias que tenemos sobre nosotros mismos y esto se forma durante nuestro desarrollo infantil.

Cuando se nos ha imposibilitado hacer por nosotros mismos en etapas donde era lo natural hacer nosotros, se genera una creencia en la persona del tipo: “yo no puedo sostener mi existencia”.

Este sentimiento de incapacidad a la hora de enfrentarme al mundo se generará principalmente en etapas del desarrollo infantil donde se imposibilita al niño/a el hacer cosas por sí mismo a través de mecanismos como sobreprotección, miedos o posesión.

Esto producirá en el niño/a una visión de si mismo irreal, donde no está adaptándose a lo que realmente le tocaría por edad y capacidades cognitivas, viendo menguadas sus acciones y su adquisición de capacidades para poder ir consiguiendo la autonomía necesaria para enfrentarse por sí mismo a los retos del mundo exterior.

 

  • Falta de valor propio

Se trata del sentimiento de sentirse pequeño en el mundo, sin valor, como si no perteneciese a la realidad.

El autoreconocimiento o la autovaloración tienen que venir de nosotros mismos, pero a este respecto podemos tener la dificultad de reconocernos, de reconocer nuestra existencia como algo valioso.

La falta de consciencia de uno mismo perjudica seriamente nuestra autoestima. Además, los periodos clave donde el niño/a necesita desarrollar esta capacidad van a ser cruciales para adquirir un buen autoconcepto.

Cuando somos pequeños, el reconocimiento tiene que venir del exterior, ya que al principio el niño/a no tiene la madurez cognoscitiva para dotarse a sí mismo de esa autoconciencia. Hasta que adquiere esta capacidad, necesita otra mente que sea consciente de él (García C. J., 2018).

Si las figuras de cuidado no le han mirado psicológicamente, será muy difícil tener una buena autoestima, ya que el ser no se verá como un ser real que existe.

Esto formará una creencia negativa acerca de nosotros mismos. Si de adultos aún dependemos de esa mirada exterior para ser conscientes de nosotros mismos y no recibimos ese reconocimiento del entorno, sentiremos que somos  nada, en vez de algo que existe y es real.

 

  • Falta de derecho a existir y realizarme

La persona siente que existir no es bueno y que no debe hacerlo o no tiene derecho de ser feliz y perseguir su realización en la vida.

Durante la infancia, puede haber momentos donde la persona se vea malignizada, es decir, castigada a través de un juicio moral o de valor negativo, cuando en realidad está teniendo un comportamiento natural conforme a su edad madurativa.

Por ejemplo, cuando se mira a un niño pequeño como una carga o molestia, se está rechazando la existencia de esa persona y esto queda en forma de creencia en ese ser: “no tengo derecho a existir”.

Una situación clara de esto lo podemos ver en los hijos no deseados, cuando existen sentimientos en los progenitores de que ese hijo ha sido un error, puede generar creencias de falta de merecimiento existencial.

Esto genera que la persona pueda tener una falta de progresión en su desarrollo. Además, en la fase adulta, puede generar conflictos emocionales donde haya inhibición conductual, miedos e inseguridad social.

 

¿Cómo podemos aumentar nuestra autoestima?

Poder aumentar nuestra autoestima en etapas donde ya está formada nuestra personalidad y nuestras creencias es posible.

Precisamente se ha de trabajar desde nuestras creencias acerca de nosotros mismos y de cómo nos relacionamos con el mundo. Un proceso psicoterapéutico será esencial para poder analizar en todos los aspectos positivos y negativos que provienen de nuestro desarrollo.

La práctica de vivir de manera consciente es esencial para conseguir una buena autoestima. Es fundamental poder confiar en nuestros procesos mentales y nuestras capacidades. Entre ellas, la capacidad reflexiva es la que nos ayuda a tener juicios de realidad, toma de decisiones y, por lo tanto, una visión real del mundo y de nosotros mismos dentro de él como seres existentes y con valor.

Para Branden (1994), conseguir una buena autoestima depende de la práctica de vivir conscientemente, aceptarse a sí mismo, responsabilizarse de uno, la autoafirmación, el propósito y la práctica de la integridad personal.

 

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Bibliografía

Branden, N. (1994). Los Seis Pilares de la Autoestima. Barcelona: Paidós Ibérica.

Definiciona. (s.f.). Definiciona. Definición y etimología. Obtenido de Autoestima: https://definiciona.com/autoestima/#etimologia

García, C. (2014). Realidad y Psicología humana. Libro 1: El ser humano y la Realidad. Madrid: Medinaceli.

García, C. J. (2018). La gran aventura del Yo. Madrid: Medinaceli.

Psiqueviva. (22 de Noviembre de 2013). PSIQUEVIVA El poder de la mente. Obtenido de Autoestima: https://psiqueviva.com/psicologia/autoestima/

 

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