fobias

Educar en el miedo

El miedo es una emoción básica que sirve al ser humano para alejarse o estar prevenido de ciertas situaciones. Se tiene miedo a dejar de existir o recibir un daño en la existencia. Esta sería la emoción primaria con la que nace el ser humano, si bien luego desde un desarrollo ontológico sano el miedo pasaría a convertirse en la persona madura en algo que  no bloquea ni paraliza, sino que se convierte en un valor   que cuida y protege de la propia existencia, estoy hablando de la prudencia. La persona prudente se aleja o no se relaciona con aquellas cosas, situaciones o personas que le pueden perjudicar.

El ser humano adulto al ir aprendiendo y al ir haciéndose con recursos para su existencia, se enfrentará ante las situaciones desde la prudencia y la valentía, en donde tendrá que decidir si exponerse a un posible riesgo, defendiendo lo que “es” frente a algo que quiere dejar que “sea”, defendiendo el ser por encima de la existencia. La lucha por los derechos fundamentales del ser humano es un ejemplo, defendiendo lo que uno es a pesar del riesgo para su existencia.  Habría otras formas de aceptar esta amenaza: alejarse del riesgo o bien someterse al sacrificio del “ser” a cambio de seguir existiendo. Las dictaduras  y las religiones   han utilizado el miedo para que las personas sacrifiquen sus valores y creencias, que sacrifiquen lo que son, a cambio de prometerles una mejor existencia, una existencia  que en realidad ya  no les pertenece[1].

Desde la prudencia y la valentía en estos  casos la persona tendrá que decidir entre enfrentarse a la amenaza o alejarse. Desde el miedo se bloqueará o cederá lo que es. Eso ocurre también ante los miedos comunes: Los físicos como miedo a las alturas, al agua, a volar, a conducir,…o los miedos psicológicos como es, a estar solo, a ser rechazado, a hablar en público, a tener un error,…En todos estos casos el miedo se apodera de la persona, deja de existir tal y como es y lo que existe en la conciencia de la persona es aquello que teme. Existe lo temido en vez de la persona, produciéndose una sensación de “agobio” o ansiedad. La ansiedad es la sensación o la posibilidad de dejar de existir, porque en un primer momento se ha cedido. Esta es la explicación básica que se da en las neurosis, en donde los miedos forman parte de la estructura de la persona (en especial en las fobias), la cual despliega una serie de defensas para poder afrontarlos.

Los miedos a la amenaza directa desde un estado dictatorial o desde unas creencias religiosas parece que son claros su origen, pero, ¿de dónde provienen los miedos irracionales que pueden causar bastantes problemas en la vida diaria de las personas, mermando la existencia, sin poder disfrutar en plenitud?

En psicología habría tres formar de explicación de estos miedos:

1)      De origen orgánico o genético: Es la estructura fisiológica la que provoca estos miedos. Se plantea que existe algún gen que provoca estos miedos irracionales como es el caso de la agorafobia.

2)      De origen ambiental, por un estímulo adverso: Es el aprendizaje de algún estímulo que ha provocado esa reacción, esa respuesta condicionada. Sería la teoría conductista

3)      De origen mental, construido desde  las experiencias vividas por la persona, a partir del aprendizaje sobre la realidad (la diferencia entre el conductismo y esta teoría es que el conductismo niega la mente, como algo independiente y autónomo del ambiente, y niega también la realidad, viéndola como meros estímulos).  Esta teoría es la que más nos puede ayudar a profundizar en el origen de los miedos.

Si nos fijamos en el desarrollo del individuo, la persona tendrá que ir “recreando” lo que encuentra en la realidad, creando un mapa de realidad que replica lo que le rodea. Es lo que  Xavier Zubirí  define como “Un animal de realidades”, cuando habla del ser humano. En este proceso de recrear la realidad, es la capacidad  del aprendizaje, con ayuda de la  educación (el acompañamiento en ese aprendizaje),  lo que produce la construcción del mapa de la realidad, en donde se insertarán los valores, creencias, emociones, cogniciones, imágenes, recuerdos, pensamientos,…todo lo que la persona ha ido construyendo a partir de al realidad que le rodea.

Como decíamos, en ese acompañamiento, sería una parte fundamental la educación, participando en el desarrollo de la persona. En general habría tres formas de educación por parte de los progenitores, tres formas que se basan en criterios muy distintos:

–          Infraprotección. En este caso el niño o la niña tienen carencia de cuidado y protección, estando expuestos a situaciones de riesgo.

–          Sobreprotección. Al niño o la niña no se le deja experimentar, no se le deja desarrollar sus propios recursos para enfrentarse a la situaciones reales que le toca vivir, con lo que los recursos que irá adquiriendo serán insuficientes para sostener su existencia por sí mismo/a en la etapa adulta.

–          Autonomización desde la protección y cuidado. En este caso los progenitores acompañan en el desarrollo, permitiendo al infante aprender y conseguir  los recursos necesarios para lograr una existencia autónoma, así como experimentar errores y fracasos para poder rectificar estos.

En cada sistema o modelo educativo por parte de los progenitores, habría un mayor  predominio de una de las formas, si bien, suele  ocurrir  que se den formas de educación en donde convivan más de un modelo. Un ejemplo sería cuando los progenitores tienen como valor de la educación  la autonomización de su hijo/a, pero ante ciertas situaciones se actúa con una sobreprotección.

Pero aunque estas sean las tres formas principales de educar, a partir de valores propios de los progenitores, existen  instrumentos o herramientas que son utilizados para dar forma a esa educación. Uno de los instrumentos más dañinos y que sería utilizado tanto en la sobrepotección como en la infraprotección es el miedo.

¿por qué se quiere provocar miedo?

La generación de miedo ha sido uno de las herramientas más utilizadas en las familias y en la sociedad en general. Provocar miedo para poder lograr que el individuo acepte, modifique o desarrolle ciertas conductas o valores se ha ido repitiendo a lo largo de la educación con los/as niños/as y, pese a una supuesta modernidad, hoy en día aún se utiliza esta herramienta como medio de educación.

La herramienta del miedo se posiciona  frente a la herramienta de  la razón, a la lógica, a la educación desde la explicación, para que el/la niña comprenda la mejor manera de desarrollar su vida. La educación donde existe la amenaza producirá un cambio evidente pero sin una interiorización o asunción propia.

Provocar este miedo se puede hacer de dos formas: De forma directa con amenazas físicas o psicológicas (castigos, rechazos, manipulaciones, chantajes, coacciones,…), y/o  desde la provocación de un miedo indirecto, haciendo ver que el mundo y lo que le rodea a la persona educada es peligroso, que difícilmente no va a ser dañado, a no ser que bien o ceda su autonomía a la persona que puede protegerla o bien que no exista, que no salga al mundo. [2]

Todas las personas hemos visto, padecido, recibido e incluso utilizado el miedo como modo de educar. Ahora nos tendríamos que preguntar cuáles son las consecuencias en el ser humano cuando en la educación se utiliza sistemáticamente esta herramienta.

Nos ponemos en la situación de alguien que tiene miedo  a …” X”.  Cuando se da el fenómeno psicológico del miedo en la persona, esta  deja de existir en su propia conciencia, deja de  controlar su propia existencia, para ser controlado por lo externo, por lo temido. Desde el miedo uno se enajena y pasa a ceder su dominio a lo que se tiene miedo. No entrando en cuál es la finalidad de utilizar el miedo en una educación con nuestros propios/as hijos/as, algunas de las consecuencias son las siguientes:

–          Inseguridad: la falta de seguridad en sí mismo, en sus capacidades para afrontar la existencia

–          Necesidad de control: Aparecerán defensas de control y manipulación.

–          Escepticismo: Se confiará poco en el mundo, en lo que le rodea.

–      Dependencia: La persona se hará dependiente del entorno, no logrando una autonomía e independencia.

–     Agresividad: Se sentirá la necesidad de que no exista aquello que provoca miedo, sea identificado o no.

–          Resentimiento: Sentir continuamente miedo provoca un rechazo hacia lo externo

–         Culpabilidad: La persona siempre creerá que en parte  es responsable  del daño o del posible daño  que le  viene de fuera.

–     Falta de autoestima. La persona no se ve con los recursos propios para poder afrontar situaciones de la vida en general.

–       Nulo sentimiento de libertad. La persona con miedo verá la vida con obligaciones y con acciones subyugadas al exterior para evitar el daño o castigo.

–          Irresponsabilidad: la persona que aprende por miedo no siente que lo aprende por sí mismo, para sí mismo, no hace propio ese aprendizaje, no habiendo una identificación con sus acciones. Puede llegar a una responsabilidad, pero será “heteroresponsabilidad” y no “autoresponsabilidad”.

Podríamos seguir enumerando consecuencias de forma general, pero veamos más concretamente la repercusión del miedo según la estructura de personalidad:

–          La persona que ha aprendido o le han enseñado a tener que ser fuerte, duro, porque el mundo es una lucha constante, temerá cualquier signo de debilidad y temerá al mundo (paranoidismo).

–          La persona que ha aprendido a hacer las cosas como le indicaban bajo la amenaza de castigo, temerá el error (obsesividad).

–          La persona que ha aprendido a que de ella puede salir cualquier cosa o que el mundo es algo inexplicable, temerá no controlarse o no controlar el mundo, ayudándose acciones o  rituales para controlar.  (trastorno obsesivo compulsivo).

–        La persona que ha aprendido que le pueden robar, manipular u obligar en su existencia, temerá ceder o hacer lo que el mundo puede parecer que quiera, necesitando oponerse constantemente (estructuras en rebeldía).

–          La persona que ha aprendido a que vale no por lo que es sino por el trato del otro, temerá cualquier tipo de rechazo (sensitivo).

–          La persona que ha aprendido a que necesita de otro/a para que la cuiden y protejan, porque ella misma no puede, temerá la soledad  (dependiente).

–          …

Así podríamos estar explicando cada uno de los problemas en la personalidad que nos encontramos cuando alguien acude a terapia (tanto en las neurosis como en las psicosis), sin necesidad de explicarlo desde algo orgánico, desde un gen heredable o desde un trauma específico. Si habría que decir que en cierto modo los miedos si se heredan, pero desde una transmisión de generación en generación por la cultura familiar.

El aprendizaje que ha ido dañando nuestra forma de existencia, como es una existencia basada en los miedos,  se puede cambiar, lo único  necesario es responsabilizarse de ese aprendizaje, que en un  momento dado nos ayudó a existir, pero que en el presente está mermando nuestra existencia y nuestro desarrollo.  En eso consiste una terapia psicológica, desaprender de  lo que nos daña y aprender nuevas formas de existencia más constructivas.

ZUBIRI, Xavier. “Sobre el hombre ”. Alianza Editorial. (1986)

ZWEIG, Stefan “Castalión contra Calvino” (1952)


[1] Para conocer como fue una dictadura religiosa basada en el miedo se puede acudir a “Castalión contra Calvino” en donde Stefan Zweig explica como dominió Calvino la ciudad de Ginebra.

[2] La película “Primavera, verano, otoño,…y primavera” de Kim Ki-Duk, es un cuento sobre la educación basada en el miedo realizada por un maestro (la figura paterna) para alejar a su discípulo del mundo.

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