Mano de niño

Educar en la Culpa

 

Introducción

La forma de educar o las pautas de crianza en el ámbito familiar  de traspasan de una generación a través de la utilización de lo que podríamos llamar herramientas educativas. Estas herramientas educativas a su vez estarán fundamentas en la forma de ser de los progenitores, personalidades que han ido adquiriendo a lo largo de su ciclo vital y que también dependerá del tipo de educación recibida. Uno de los errores que se suele cometer con nuestros hijos es la utilización de las mismas herramientas educativas que usaron con nosotros y que impiden o dificultaron un buen desarrollo psicológico  y emocional. Cada persona sabe bien lo que no funcionó con él o ella, lo que le molestó, lo que le perjudicó, pero a la hora de educar solemos repetir en mayor o menor medida las pautas familiares dadas porque preferimos apoyarnos en lo que ya conocemos, que experimentar con lo desconocido. Generar culpa por un error, fallo o mal comportamiento, es una de esas herramientas educativas que se repiten constantemente de generación en generación y que  no ayudan al desarrollo óptimo de la persona. Este sentimiento, aunque haya sido tratado y analizado en múltiples ocasiones en textos educativos o en ensayos de psicoterapia, no quita para que no podamos volver a pensar, reflexionar y debatir sobre su utilidad educativa.

¿Qué es la culpa?

La culpa es una emoción culturalmente aprendida en los primeros años de vida que informa a la persona de haber cometido un error o un comportamiento incorrecto en el pasado o en el mismo presente,   y le prepara para un posible castigo. Sería un aviso a la persona de que debido a sus propias acciones está en peligro de recibir algún daño y que existiendo la posibilidad de anticiparse ante ese daño, puede realizar una conducta para evitar el castigo. Como podemos ver, junto a la culpa, va seguido un posible castigo y a su vez una posible enmienda para su evitación, precedida del arrepentimiento.

La culpa siempre estará sujeta a una valoración externa a partir de un sistema moral o ético, que suele ser el familiar, en forma de creencias y lealtades tal como plantea la teoría sistémica. Boszormenyi-Nagy y Spark (1973), señala que  al individuo se le educa para que interiorice las expectativas grupales y para que asuma una serie de actitudes favorables para cumplir con los mandatos. Cuando la persona no cumple con esas obligaciones, los progenitores pueden generar un sentimiento de culpa que pasa a constituir una fuerza para regular el sistema familiar, no dejando que la persona se salga de las normas familiares. En definitiva se utiliza la culpa con el objetivo de que el niño se porte bien, luego veremos si tiene sentido esta medio para tal objetivo, y para ello se vale de actitudes como los reproches, enfados, amenazas o incluso castigos psicológicos o físicos.

Al final de estas acciones que recibe el niño a cambio de su “mal comportamiento”, estaría la idea de rechazo por parte de la familia (en este caso las figuras parentales)  hacia ese miembro familiar.  Incluso cuando el sentimiento del culpa es muy fuerte, en la mente del niño se llega a instalar la idea temida de abandono.Ser apartado para siempre del grupo familiar es el pensamiento que suele generar la utilización de la culpa cuando se hace de forma intensa y continuada.

Como podemos ver, para que haya culpa tiene que haber una dependencia psicológica hacia la otra persona, en este caso la dependencia normal que tiene el hijo o la hija hacia su progenitor. Frases como: haces que mama o papa se pongan tristes o se enfaden, no sé que he hecho yo para ya que te portes así, no te voy a querer, te vas a quedar solo/a,…son frases que han pasado de generación en generación en la educación de los niños, y que quizá, por la falta de un análisis sobre qué significa realmente para un niño que se está desarrollando este tipo de frases, se repiten como pauta de crianza.

El sentimiento de culpa suele ser muy común en personas que han vivido educaciones muy exigentes

 

Consecuencias de educar en la culpa

Las consecuencias que tiene la reiteración de utilizar la culpa como herramienta educativa se pueden ver en personas que pasan por procesos terapéuticos al sufrir miedos, ansiedad o deprensión .El sentimiento de culpa suele ser muy común en personas que han vivido educaciones muy exigentes con alto nivel de normalización (frente a la educación autonomizadora) en donde la persona centra sus esfuerzos en conseguir la adecuación y aprobación del entorno exigente, que suelen ser los padres, con el fin de disminuir la posibilidad de daño (rechazo o abandono) por parte de estos. En este caso se genera una conciencia punitiva (Oliver James, 2007), frente a la conciencia de responsabilidad. Cuando la persona sufre una alta densidad de sentimientos de culpa, experimentará una necesidad de “auto-castigo” para solventar ese sentimiento o bien pedirá que el entorno sea quien ejerza este castigo. Ante tal necesidad la persona vivirá de forma pesimista su existencia, entrando frecuentemente en estados de ansiedad y depresión.

Pero también se puede dar la otra vertiente, cuando la persona ante un entorno sobreexigencial que utiliza la culpa como pauta de crianza, se verá forzado a defenderse, negándose a aceptar esa culpa. En este caso heteroculpabilizará de sus errores al entorno, generándose así una personalidad inmadura que le hará imposible hacerse cargo y responsabilizarse de su existencia. A este respecto la persona no querrá asumir ninguna carga emocional por su comportamiento ya que en su infancia o adolescencia hubo una “sobrecarga” impuesta por los progenitores, dando como resultado una forma de ser contraria a la culpabilidad.

De forma breve podemos resumir que las consecuencias de utilizar la culpa de forma reiterada en la persona hará que tienda a uno de estos rasgos de personalidad:

 

Personalidades que asume la culpa

 

 

Personalidades que niegan la culpa (heteroculpabilizan)

Baja autoestima: valoración negativa de sí mismo.

Baja Autoestima: sentimiento permanente de inadecuado (oveja negra)
Sobreexigente consigo mismo. Imposibilidad de asumir responsabilidades.
Postergación de las gratificaciones (no pueden disfrutar del momento) Imposibilidad de postergar gratificaciones. Baja tolerancia a la frustración
Hipersensiblidad al temor siempre un castigo externo (temor al rechazo o abandono). Imposibilidad de empatizar cuando genera algún daño, no queriendo ponerse en el lugar del otro.
Imposiblidad de defensa ante agresiones externas (creerá que se merece el castigo). Conflictividad con el entorno.Defensa ante las demandas del entorno.
Delegación de sus decisiones ante posibles errores (haciéndose dependiente del entorno)

Culpabilización ajena ante posibles errores

 

El primer tipo se suele ver como personalidades obsesivas, las segundas como personalidades rebeldes. Ambas suelen tener como origen un entorno sobreexigencial que ha utilizado la culpa como herramienta para su educación. Señalar también, que normalmente no hay rasgos puros, sino que la persona educada en la sobreexigencia a partir de la culpa, tenderá hacia uno de los rasgos, pero puede poseer también aspectos del otro.

Otras formas de educar.

Ante la valoración negativa de este tipo de formación educativa,  nos podemos preguntar ¿qué alternativas hay a las pautas de crianza que utilizan la culpa como herramienta educativa? Para ver una posible alternativa a la culpa, quizá haya que remontarse a la causa de su utilización en nuestra sociedad.

La cultura judeo-Cristiana ha influido en la transmisión de la culpa como herramienta educativa

El origen de esta emoción educada socialmente proviene de los valores judeo-cristianos de nuestra cultura, en donde la figura paternal simbolizada por Dios era vista como un ente sobrehumano que castigaba a quien no seguía las normas y reglas establecidas. De un Dios justiciero y castigador, como era el de la cultura Judía, se pasó a un Dios más amable y justo en el cristianismo, pero que en el sistema religioso sigue teniendo la herramienta de la culpa como forma de educación. De castigo divino se pasó a la idea de abandono divino, al no poder entrar en “la casa de Dios”, si uno no se portaba como se le exigía al creyente.

Como todo lo que existe o ha existido, esta forma de crianza ha tenido una razón para su existencia, en este caso la culpa tuvo una razón social o cultural. La educación basada en el  sentimiento de  culpa tenía sentido en un mundo o una sociedad donde la mente y la razón no eran tomadas en cuenta y el ser humano se guiaba por supersticiones o normas rígidas sin poder reflexionar o razonar los hechos. Hace siglos, cuando el ser humano no comprendía casi ningún fenómeno natural (la gravedad, la rotación de la tierra, los fenómenos atmosféricos,…) y menos ningún aspecto esencialmente humanos, como son los fenómenos psicológicos (la violencia, la rabia, el amor), la culpa era la forma de regular el comportamiento humano. En el presente,  cuando la mente se está descubriendo día a día, cuando se comprende más sobre el pensamiento, sobre las emociones o sobre el comportamiento infantil, su forma de razonar, de ver el mundo, cuando la personalidad y la forma de ser son tomadas en cuenta para explicar el comportamiento, la culpa se muestra como una herramienta obsoleta frente la educación basada en la explicación, la reflexión, el descubrimiento, la experimentación o el ejemplo. La pregunta fundamental sería ¿qué podemos utilizar como herramienta educativa para que la persona aprenda a regular su propio comportamiento, no para que sea regulado desde el exterior, y de este modo desarrollar en la persona actitudes de cuidado y respeto hacia lo que le rodea?  Quizá la respuesta sea algo tan fácil y tan cercano como el conocimiento de aquello que se quiere que se respete.  El conocimiento de la realidad. Aprender sobre algo y comprenderlo es lo que hace que en el ser humano se genere una actitud de respeto hacia aquello que se conoce y  es lo que hace que el ser humano se comporte “bien” si queremos poner esta etiqueta. Todo padre o madre quiere que su hijo  respete, sea cuidadoso con su entorno, no haga daño, pero pocas veces se reflexiona que hace a la persona respetuoso con su entorno.

Cuanto más conocimiento tengamos de algo más lo respetaremos, o incluso lo llegaremos a amar, y no hará falta utilizar la culpa o el castigo para que la persona no dañe lo que le rodea. Es más, la utilización de esta herramienta puede generar más rencor, más rabia o más sentimiento de impotencia que las otras herramientas planteadas. En definitiva el respeto, el amor por algo viene de conocerlo y comprenderlo, lo que nos llevará a responsabilizarnos de nuestro comportamiento ante eso que respetamos.  Solo hay que pensar en algo en nuestra vida que hayamos conocido para luego haberlo apreciado e incluso amado, y haber deseado que siga existiendo.Un persona, un animal, un lugar,…cada cosa que hemos conocido y amado nos sentimos responsable de ello. A partir de ahí rectificaremos si nos hemos comportado mal, si lo hemos dañado, pero por nuestra propia voluntad y uno por un mandato o un temor al castigo externo. Santo Tomas de Aquino afirmo: “ama y haz lo que quieras”;  pero la frase sería más completa con: conoce, comprende lo que te rodea, ama, y haz lo que quieras”.

En definitiva, la  alternativa es educar en la responsabilidad a partir del conocimiento y comprensión de la realidad. Si el sentimiento de culpa se basa en el temor de lo que le rodea, el sentimiento de responsabilidad se basa en el respeto. Si el sentimiento de culpa se basa en una entidad fuera del propio individuo, el sentimiento de responsabilidad  está dentro del propio individuo. Si el sentimiento de culpa nos hace alejarnos de quien puede castigarnos (psicológica o físicamente), el sentimiento de responsabilidad nos acercará a quien nos enseña. Lo bueno no es sentirse culpable sino responsable. Lo primero nos mortifica, nos bloquea, nos angustia, nos imposibilita crecer;  lo segundo nos hace reflexionar, aprender,  mejorar y en definitiva, crecer como personas, que es lo que se trata en la educación.

Autor: Sergio Delgado. Psicólogo Terapéuta

 Para cualquier consulta: info@psicologiaenlared.com

Bibliografía:

  • JAMES, O (2007): Te joden vivo. Cómo sobrevivir a la familia. Global Rhythm, Barceolona.2008.
  • Wagner, A (2003): La transmisión de modelos Familiares. CCS Editorial, Madrid.2003

 

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3 Responses to Educar en la Culpa

  1. Alberto 16 noviembre, 2013 at 10:17 #

    Tremendo vivir con tanta culpa. Es necesario hacer algo con ello porque si no, uno anda perdido durante mucho tiempo…

  2. Giovanni 9 mayo, 2014 at 22:01 #

    Muy buen artículo, gracias por compartirlo!!

  3. Samara 18 septiembre, 2014 at 1:13 #

    ¡Buenas noches!

    Escribo porque tengo sentimientos encontrados y dudas cuando leo este artículo. Creo que la adquisición de ciertas normas sociales como por ejemplo “no agredir” o “no robar” son necesarias. Cuando tienes un hijo/a que es pegón, que quita cosas a sus compañeros de aula… ¿cómo solucionas ese problema si no le haces sentir culpa de lo que está haciendo esa personita?

    En el caso de quitar cosas a otros niños, se puede pensar que no ha adquirido todavía el concepto de propiedad, pero si percibe el sufrimiento de sus actos en otras personas y no reacciona de manera empática… ¿Qué se hace?. Porque sí que es verdad que si se porta de esa manera injusta, quienes le rodeen no van a querer estar con él. ¿Sería mejor esperar a que eso ocurriera y se diera cuenta por sí mismo?, ¿Si soy la resposable de esa persona y no me parece bien lo que hace, la ignoro?, ¿es mejor eso?
    Los padres de esos niños también esperarán de mi que tome actitudes para que mi hijo detenga esas conductas, además de que su educación depende de mí.

    O el caso de los celos entre hermanos. Cuando el hermano mayor se dedica a chinchar al menor. Hay padres que pasan olímpicamente y que lo ven como algo natural, que lo será. Pero, ¿por qué el pequeño tiene que aguantar eso? ¿esperan que se le curta el carácter a base de “leches” y reaccione? ¿Y sí es más bien una persona cohibida?

    Le agradecería mucho que me respondiera ya que me parece un tema que aparte de interesante me resulta también un poco ambigüo.