Prieter Brueghel

El juego en la educación

Recorriendo el sistema educativo actual, desde infantil hasta bachillerato e incluso la universidad, uno se da cuenta como la actividad lúdica va perdiendo importancia a lo largo de su desarrollo. Si en la etapa infantil la actividad educativa se basa prácticamente en el juego, el paso a primaria y más tarde a secundaria se caracteriza por dejar de tener un peso importante en el currículum y por ser sustituido con otras actividades que suelen ser consideradas más apropiadas o más serias para lograr llegar a la madurez esperada en el alumno y alumna. Del mismo modo ocurre en el entorno familiar o en la  cultura en la que vivimos, en donde el juego es visto como algo infantil, pueril, de pérdida de tiempo y esa actividad lúdica ha tomado dos vías, la de la competitividad o la de el consumismo. El juego en el adulto en bastantes ocasiones más que fuente de satisfacción, es fuente de problemas, habiendo en la actualidad múltiples patologías relacionadas con los juegos.  No me extraña que los padres y madres tengan miedo cuando su hijo se obsesiona por un determinado juego. Pero la pregunta sería si la razón de esas patologías se debe al juego en sí o al desarrollo de una personalidad que ha ido adquiriendo una forma de existencia  determinada en la que la dependencia o la obsesión tiene gran importancia. Este escrito pretender profundizar en el significado del juego dentro del desarrollo humano, planteando que más que un problema para alcanzar una madurez satisfactoria es una de las bases fundamentales del desarrollo, que en estos momentos tanto en el sistema educativo con fuera de él no se le toma en cuenta o se ha viciado su esencia original.

Desde la psicología clínica, con carácter humanista, se tiene como fin último de todo proceso terapéutico el alcanzar la felicidad, es decir, poder lograr una existencia  propia satisfactoria. Este principio debería tenerse en cuenta también en la educación, aunque hoy por hoy está visto como algo fuera del ámbito educativo. En este sentido una de las causas que ayudan a  desplazar tal finalidad ha sido relegar al juego como algo secundario dentro de la vida de los centros educativos. Si nos fijamos en el significado del juego, hablo de la infancia ya que luego quizá pierde esa esencia de la que he comentado  antes,   algo que lo caracteriza es el placer que produce (supongo que placer también puede ser un concepto tabú dentro del sistema educativo. Estudiar y placer hoy por hoy no tienen mucha relación). El juego es una actividad divertida que suscita excitación y hace aparecer signos de alegría, siendo  evaluada positivamente por quien la realiza. No es de extrañar, debido que   lo que nos causa placer, lo que nos gusta,  es que podamos existir, es sentir nuestra existencia y para eso es necesario un sentimiento de libertad. Es decir, el juego es una experiencia de libertad, ya que la característica psicológica del juego es que hay una libertad de elección. No hay obligación en el juego, sino no sería juego.  Se hace sólo por el placer de hacerlo y se termina cuando se pierde ese interés por hacerlo. Se sale del presente y se sitúa en otras situaciones, en otros roles, otros personajes…teniendo una libertad que la realidad de la vida cotidiana de la niña no le permite. Pero no hay una libertad absoluta, si todo esto pueda estar causando susceptibilidades por temer que se llegue a “un libertinaje”. En el juego se dan una serie de restricciones voluntarias, ya que se debe ajustar a una serie de pautas (personajes, situaciones, normas…). No hay un todo vale, no hay libertad total sino libertad determinada, como ocurre en la realidad y gracias a este juego la niña puede aprender una serie de condiciones, de normas, de principios que deben regir a toda actividad humana. Es decir, desde esa libertad, se aprende también la responsabilidad, para poder sostener el juego.

Por otra parte es una actividad que tiene el fin en sí misma, con finalidad intrínseca, en la que no se trata de conseguir objetivos ajenos a la actividad sino que la propia actividad resulta placentera (a no ser que la educación haya derivado en un juego competitivo puro, en donde solo se tenga en cuenta los resultados, conseguir algo). Sería una actividad desinteresada frente a otras actividades interesadas en las que la preocupación está en el resultado y  si ocurre que pierde este carácter, el juego deja de ser juego y pierde su atracción. El placer de realizarlo está en la propia actividad y no en algo ajeno a la actividad (recompensas, dinero, valoración), pero a la vez se logran metas sin proponérselas y sin verse frustrado por no alcanzarlas. Se logra aprender habilidades, destrezas, lógica en el pensamiento,… Jugar es la actitud con la que alguien hace algo cuando no busca ninguna utilidad, ningún objetivo, pero que al final logra algo, como puede ser aprender, relacionarse, producir, crear, imaginar o amar. Esto se contrapone totalmente a las formas educativas actuales en donde se plantea una educación por objetivos determinados a los que no se puede renunciar. Me pregunto en este sentido si el infante logra aprender a hablar, quizá uno de los aprendizajes más importantes en el ser humano, desde unos objetivos curriculares o desde unas actividades lúdicas, por el simple placer de realizarlas, como cuando imita, crea, combina sonidos o pregunta como si fuera un juego, con un ¿qué es eso? o ¿y por qué?.

Expondré  de forma resumida otras características desde la psicología evolutiva que implica el juego:

  • Es una actividad que implica investigación, de cómo son las cosas . Sería  el preludio de la investigación “científica” que no es más que el aprendizaje de la realidad.
  • El pensamiento creador es un elemento constitutivo del juego. Un pensamiento creador que incluye representación, simbolización, identificación, proyección, simulación, ficción, analogía, metáfora, lógica…todo lo que necesita la creatividad humana.
  • Es una actividad que implica acción y participación activa. En todo juego infantil hay Actuación. La pasividad no entra dentro de las características del juego.
  • Es la forma preferida del niño para expresarse, para expresar lo que es, con una total entrega emocional (mucho más real que los trabajos en el que muchas veces “ se aparenta” trabajar), volcándose en el juego, “vertiéndose en el juego” haciendo las cosas con compromiso y con entrega al presente (se vive en el aquí y el ahora, no pensando en el futuro).
  • Es una forma de liberación de los conflictos ya que el juego o ignora los conflictos porque en esos momentos la niña es incapaz de asumirlos y su forma de tranquilizar la ansiedad es creando o imaginando otra realidad, sería una evasión activa,   o los resuelve de una forma que ella misma comprende y desde una lógica propia. Es una actividad que busca el equilibrio entre la realidad y los deseos o creencias de uno mismo ( propia de la psique humana), facilitando la comprensión de la realidad. Los celos, las peleas con los hermanos, las frustraciones, los enfados con los progenitores, son multitud de situaciones que provocan ansiedad y que son muchas veces apaliadas con un simple juego, y no con otras ayudas que están fuera de la naturaleza humana, como es la química o la evasión pasiva, en el caso de la televisión.
  • Es una capacidad humana que ayuda al desarrollo  de la función simbólica, de la capacidad de representación, al poder diferenciar “significante” – el representante-  y “significado” –lo representado-. Es decir, gracias al juego, entre otras actividades,  el ser humano logra   la capacidad de “representar” la realidad, que sería una de las características antropológicas   que definen  a nuestra especie.

Si nos fijamos en cierto tipo de educación basado en presupuestos conductistas,  en donde se utiliza el castigo como forma para que la persona logre un desarrollo satisfactorio, podemos ver lo que se logra cuando a un niño se le prohíbe jugar: Deja de investigar, de crear, de aprender, de implicarse, de sentirse libre, de liberar conflictos, de conocer la realidad, de sentir placer,… deja de expresarse él mismo, de ser él mismo. Las tornas se vuelven en esta educación y lo que parecía que podía ayudar a madurar a la persona puede que provoque resentimiento, rencor, odio, miedo, frustración, angustia, desesperación o pasividad. Aunque la pregunta sería cuál es la verdadera intención oculta de esta educación o teoría psicopedagógica con una supuesta apariencia científica.

Con todo esto podemos decir que en realidad el juego es una actividad seria en el sentido que es fundamental para el ser humano, a la que no se puede tomar a la ligera, despreciar o desvirtuar. La niña pone en el juego todo lo que ella es, se lo toma en serio, quedándose absorta como el adulto cuando está concentrado e interesado en un trabajo que realiza. El adulto no suele verlo serio porque no ve resultados o la obtención de algo, pero esa seriedad en la que se   lo toma la niña  es porque para ella es una forma de afirmar su personalidad y mejorar su valía, de lograr estimarse. Y en esa actividad seria, los errores no son vistos como malos, como peligrosos, sino como algo “normal” en el juego. Hecho que logra mitigar miedos, culpabilidades, o angustias que pueden generar los errores que tienen las actividades vistas como serias. Tampoco debemos olvidar que  el juego implica esfuerzo. Juegos en los que se busca la dificultad y la superación. Para jugar la niña se esforzará en superar las dificultades.

Por otra parte y desde mi experiencia siempre me ha llamado la atención un hecho que se da en los adolescentes con riesgo de exclusión social, los cuales suelen tener una problemática muy similar: Consumo de drogas, quebrantamiento de normas, enfrentamientos reiterados con la autoridad,  actos delictivos, actitudes agresivas, comportamientos de riesgo, imposibilidad de relación con iguales satisfactoria, imposibilidad de responsabilizarse de sus acciones, sin conciencia de un futuro y con un resentimiento hacia su pasado,… En todos estos casos la capacidad de juego de la persona, de disfrutar de una actividad lúdica sin que esté implicada ninguna de las acciones antes mencionadas (consumo de drogas, apuestas, competición agresiva,…) está del todo mermada, parece que haya sido erradicada. No se suele ver en los centros de menores actividades lúdicas puras, en donde el fin sea el propio juego y disfrutar de él,  aunque además de esa incapacidad que se ve por disfrutar con el juego, las instituciones perjudican aún más cuando obligan en la realización de las actividades supuestamente lúdicas, perdiendo lo lúdico desde la obligación.

Para terminar creo que se puede afirmar con todo lo visto hasta ahora que  el juego es una necesidad humana en el desarrollo de las personas, implicada directamente en su salud, tanto física como mental. Onrefgeohusbay . Una realidad antropológica, que otras especies no poseen (solo las más cercanas a nuestra filogenia), y que  nos define como especie (Homo ludens),  que ha sido constante en todas las culturas y en todas las épocas, con las características propias de cada periodo (como el arte, la literatura, la música…), perteneciente  a la identidad propia de cada sociedad.  Creo que el sistema educativo al igual que los progenitores  deberían replantearse la actitud que se tiene hacia el juego, siendo solo en los momentos “de descanso”  o como premio cuando se deja jugar, si es que no se ha perdido en el camino de la vida ese deseo, como el deseo de conocer.

Prieter Brueghel

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