La isla de los muertos. Arnold Bocklin

Explicación del concepto de la muerte en los niños.

La muerte como fenómeno natural, contrario a la vida, para el ser humano es quizá el concepto de más difícil comprensión y en muchos casos de aceptación. Si a los adultos nos resulta difícil entender la  muerte como una ley universal, a los pequeños les resulta mucho más complicado su comprensión, por eso quizá desde el nacimiento de un hijo, pese a lo que en un principio pudiera creerse o desear, habrá que ir explicando este concepto para que en la edad adulta sea asumido de forma natural.

Para su explicación habrá que  partir de que el niño debe descubrir, igual que descubre lo demás, que existe la muerte o más bien que llegará un momento en que dejamos de existir. En un principio la mente infantil no concibe que se pueda dejar de existir, conciben una eternidad que muchas veces los adultos la apoyamos con teorías como una segunda vida o la estancia en otro mundo (en eso se basa la religión, en no poder concebir un final último de nuestro ser, sino que se tiene una esperanza de que nuestra existencia de algún modo u otro continua).  Si esa argumentación o teoría no es válida para la persona que tiene que explicar la muerte y el niño debe descubrir la muerte como un final de su existencia o de la existencia de los demás que hasta ese momento no había sido consciente, tendrá que elaborar una explicación con la que intentará  entender este fenómeno. Por eso, hay que dar una explicación en relación a su edad que irá tornándose cada vez más elaborada, igual que se irán elaborando en su mente teorías sobre otros fenómenos del mundo.

En este artículo veremos en primer lugar el proceso evolutivo del concepto, según la edad del infante. En segundo lugar, a partir de este proceso,  pasaremos a la explicación en sí misma y por último veremos  un fenómeno importante como es el de los sentimientos frente a la muerte. Esta pretende ser una pequeña guía para abordar la muerte como fenómeno fundamental en la existencia humana, pero aquella persona que  le interese profundizar puede realizarlo a partir  de la bibliografía recomendada que aparece al final del texto.

El proceso evolutivo del concepto de la muerte

  1. En el bebe: La muerte no es un concepto real. Lo que experimentan a esa edad son separaciones puntuales y en las  que suelen expresar su miedo a través del llanto.
  2. Hasta los 2 o 3  años: La muerte tiene muy poco significado. Los términos como “muerte”, “para siempre”, o “permanente” no tienen un valor real para ellos. Pueden no comprender la relación entre la vida y la muerte, no siendo la muerte para ellos una condición permanente. Lo que si suelen experimentar y vivenciar son los sentimientos que tienen los adultos con respecto a la muerte. Intuyen sus emociones como la tristeza, la depresión, los enfados, a los que si pueden reaccionar con preocupación o miedo.
  3. Edad pre-escolar, a partir de los 3- 4 años. Comienzan a comprender que la muerte es algo que preocupa a los adultos, pero la perciben como temporal o reversible, igual que lo ven en los cuentos, historias o dibujos animados.  No comprenden que la muerte es permanente, que a todo ser vivo le llega la muerte y que esto significa que ya no se come, ya no se respira o ya no se juega más. De igual modo y con la concepción que tienen de sus padres (del mundo adulto) que los ven omnipotentes, conciben la muerte como algo evitable, que puede ser dominado por sus padres o que puede ser protegido de ella. Para evitar trastornos en el sueño, no hay que identificar la muerte con dormir, porque el niño podría tener miedo a dormir si cree que se puede morir. A esta edad en la que tienen un pensamiento de influencia  mágico, pueden sentir que sus pensamientos o sus acciones han provocado la muerte o la tristeza de alguien cercano, con lo que podrían experimentar sentimientos de culpa o vergüenza. Hay que dejarles bien claro que ellos no son responsable de esos hechos, desligando cualquier sentimiento de causa. También si son ellos mismos los que ha sufrido un accidente grave o una enfermedad grave, pueden llegar a creer que es un castigo por haber hecho o pensado algo malo. De igual modo no comprenden que los padres, dentro de su omnipotencia, no puedan hacer nada ante esto, por eso se echan a ellos mismos la culpa de su falta de voluntad a la hora de protegerle, pero también puede provocarle inseguridad o desconfianza porque piensa que no hay querido ayudarle.
  4. Edad escolar 6-12 años: Empiezan a desarrollar un entendimiento más realista de muerte. La comienzan a comprender como permanente, universal e inevitable. Hasta los 8 o 9 años no conciben que les pueda pasar a ellos o a algún ser querido cercano, la muerte era como algo ajeno. Hasta ese momento ya podían concebirla como algo definitivo pero también la veían como algo evitable, de la que se podía huir de ella. Es posible que debido a este cambio en su compresión de la muerte, puedan empezar a temer a la muerte. Ese miedo a la muerte es una de las preocupaciones existenciales más frecuentes en esta edad, ya que hasta ahora no se había descubierto lo que realmente significaba. Este fenómeno se suele llamar “la angustia de los 8 años”, donde se pueden dar crisis episódicas en la cual el niño siente el temor a lo desconocido, a la pérdida de control y la posibilidad de que su madre o padre muera o desaparezca, a la separación de su familia en general y amigos, si se produjera la muerte Todas estas posibilidades son  las principales fuentes de ansiedad y miedo relacionadas con la muerte en un niño escolar. A los 11 años se empieza a comprender la muerte desde la elaboración con un pensamiento más abstracto o filosófico, que le llevará a la adolescencia.
  5. En el adolescente las experiencias previas y su desarrollo emocional influirán en gran medida en su concepto de la muerte. Ya habrá elaborado unas creencias y unos valores que le hagan concebir la muerte desde esas creencias pero que descartando las diferencias individuales, se basaran en una concepción realista de que la muerte es permanente, universal e inevitable. Es cuando empieza a entrar en los rituales o formas de afrontamiento de la muerte propias de su cultura, integrándose poco a poco en el mundo adulto.

¿Cómo explicar la muerte a los niños?   

Los niños, igual que los adultos, necesitan información verdadera, honesta y precisa. En el tema de la muerte, pese a nuestros propios prejuicios sobre el sufrimiento o la pena que este tema pueda provocarnos o que pensamos pueden provocar a nuestros hijos, también se necesita esa honestidad e información verdadera.

No pensemos que hablar de la muerte se hace en un momento puntual (quizá  porque ha ocurrido un hecho cercano relacionado con la muerte, como la pérdida de un familiar), sino que es un proceso continuo y gradual, según las experiencias que vaya viviendo nuestro hijo y su capacidad de entendimiento. Es primordial partir de esas experiencia como si de un objeto de estudio se tratara para que pueda ir elaborando un concepto lo más realista posible (una planta que se muere, un animal de la familia,…). Nuestro lenguaje, como con las demás cosas, tiene que estar adaptado a su edad, siendo cada madre y padre el verdadero conocedor de esa adecuada forma de hablar y siendo conscientes que no hay una sola manera correcta de hablar sobre la muerte. Con los más pequeños su curiosidad no nos planteará mucho problema, no se preguntan o cuestionan la muerte. Es a partir de los seis o siete años cuando comienzan a hacer preguntas directas sobre la muerte y más si tienen una experiencia cercana. Habrá que ser honestos y consecuentes con nuestras respuestas. Si hacen una pregunta de la cual desconocemos la respuesta, es preferible admitirlo, y no inventarla. Los niños detectan la mentira desde muy temprana edad. También hay que evitar información poco consistente o contradictoria, que se puede dar entre los mismos miembros de la familia, quizá por diferencias en las creencias, o incluso fuera de la familia, como  en la escuela. Sería bueno llegar a un acuerdo en lo que se le va a decir al niño siempre dentro de las creencias culturales y las costumbres de la familia. Por todo esto es importante evaluar y darnos cuenta de que creencias parte nuestro hijo sobre el concepto de la muerte y también evaluar nuestros conceptos y creencias para establecer una relación de comunicación verdadera. Nunca está demás cuestionarnos a nosotros mismos para poder también ir creciendo en un tema tan complicado para el ser humano.

Si hubiera que poner ejemplos de esas explicaciones se me ocurre que a los niños más pequeños es aconsejable hacer analogías con otros seres vivos de los que empieza a descubrir también sus propiedades. Ver el proceso natural del nacimiento, crecimiento, reproducción, envejecimiento y por último la muerte en plantas o animales, va permitiendo construir en su cabeza ese proceso que también se dará en los seres humanos. Tratar la muerte como algo natural desde pequeño y no como un tabú o una terrible desgracia, ayuda a concebir la muerte como el final de un proceso natural que sin ella todo lo demás no tendría sentido. Pero eso hay que hacerlo en los momentos en que el niño interaccione con los fenómenos que explican la muerte y no de forma aislada de ese todo relacionado que es la vida y la muerte.  Como todo concepto, el niño lo  suele aprender por contrastes, como son los físicos de calor- frío, alto- bajo, suave- áspero,…En este caso la primera diferencia que ven enla Vida-muerte es el fenómeno de dinámico- estático. Si se le da la oportunidad, poco a poco  podrá descubrir que sin la muerte no existiría la vida y que sin la vida no existiría la muerte. Ambos conceptos son necesarios, el uno para el otro y que en cierta forma morimos gracias a que hemos vivido y que vivimos gracias a que podemos morir.  Si no se le oculta el fenómeno de la muerte, el niño por él mismo y en interacción con el mundo, podrá ir elaborando un concepto cada vez más realista de lo que significa la muerte, según sus propias capacidades y recursos de comprensión, que irán aumentando en relación a su crecimiento personal.

Además de ver estas analogías para los más pequeños, podemos utilizar una narración metafórica para los niños que  ya han descubierto de la muerte como algo permanente, estable e inevitable,  pero que no la  comprenden bien o se atemorizan. En este sentido hay cuentos o historias que pueden ayudar a su explicación (Bruno Bettelheim nos recuerda que los cuentos de hadas se inventaron para explicar al niño diferentes fenómenos, entre ellos la muerte[1]).

Como pequeño cuento a contar, si identificamos la vida como un viaje, se le puede plantear la vida en este mundo como un viaje en autobús. En todo viaje hay un principio, el nacimiento, en el que te subes al autobús. Allí hay un grupo de personas con las que haces el viaje, que según de quien se trate te acompañarán una parte corta  del camino (de nuestra vida) o una larga del camino. Lo normal es que según sea nuestra diferencia de edad, nos acompañarán más tiempo o menos tiempo. De una forma u otra, siempre cada persona que se ha subido al autobús (de la vida) se tiene que bajar; ¿Por qué es necesario que nos bajemos?. Está es quizá la pregunta clave y una posible respuesta lógica, es que si no nos bajáramos, no se podría subir más gente a este autobús maravilloso y mágico. Si nadie se bajara, llegaría un momento en que el autobús estaría repleto, lleno, no cabría nadie más, con lo cual no podría subirse nadie más. Gracias a que nos bajamos, los que vienen detrás de nosotros, como pueden ser nuestros hijos o nietos, pueden subirse y es más, gracias a que alguien en su momento se bajó, nosotros pudimos subirnos al autobús.  En cierta forma todos los viajeros colaboran unos con otros para que nadie se pueda perder este viaje, para que nadie se quede sin disfrutar de esta gran aventura que es vivir.

Otras explicaciones más elaboradas y complejas ya entrarían dentro de los diferentes conocimientos que han querido comprender este fenómeno, como es la religión o la filosofía. Estás explicaciones las suelen buscar por sí mismo los adolescentes, pero no está demás que les ayudemos en esa búsqueda.

¿Qué hacemos con los sentimientos?

Una de las dificultades que se pueden plantear es a la de mostrar o expresar los sentimientos con respecto a la muerte. No hay que ocultar desde el adulto los sentimientos de miedo, tristeza, culpa o incluso ira;  y de igual modo no hay que reprimir o estimular a que el niño tenga esos sentimientos. Decirle “no debes estar…” o “tienes que…” es forzar unos procesos que son del todo razonables y lógicos desde la persona que experimenta esos sentimientos.  Los sentimientos no son ni buenos ni malos, es necesario quitarles esa etiqueta y verlos como reacciones ante estados o hechos externos a partir de nuestras propias creencias o valores. No se pueden controlar o cambiar sino que según sea nuestro pensamiento acerca de la muerte ( o sobre otro fenómeno) así reaccionaremos. El niño identifica, si se le señala un sentimiento como malo, con él mismo, viéndose como malo, de aquí también que sea muy perjudicial etiquetar los sentimientos. Enjuiciar los sentimientos no nos conduce a nada. Lo mejor es poder expresarlo de la forma más constructiva y menos dañina posible, incluso la ira o la agresividad. Por eso es bueno que los niños puedan expresar lo que siente a través de dibujos, juegos, escritos o viéndolo reflejados en los cuentos e historias que tratan esos temas; o que desahoguen esa ira o temor que suelen estar relacionados con la muerte,  con ejercicios o actividades que no acarreen ningún peligro.

Lo que sí se puede hacer es ir cambiando esas creencias que nos hacen reaccionar a nosotros mismo en forma de culpa, ira, tristeza (cuando permanece constante), odio, ansiedad o cualquier manifestación, hacia unas creencias más realistas sobre qué es la muerte para poder afrontarla con una mayor entereza y sosiego.  Pero esto es un proceso muy lento y costoso, que quizá algunas personas no estén dispuestas a asumir. Con el niño, debemos dejar que desde él y con sus experiencias vaya elaborando y cambiando sus creencias en su propio desarrollo evolutivo, sin forzarle o sobreprotegerle, pero con la ayuda necesaria que le podamos brindar para que ese aprendizaje sobre la muerte se produzca de la forma más adecuada posible.

En definitiva, igual que  acompañamos a nuestro hijo en el proceso de la vida, deberemos acompañarle en el proceso de la  comprensión de la muerte, sin que ello quite peso a la vida, es más, le dará quizá un mayor  sentido a la capacidad de poder vivir, un valor que hay que defender frente a la muerte.

Bibliografía recomendada

  • Heike: “¿Está la abuelita en el cielo?”. Cómo tratar la muerte y la tristeza. Ed. ONIRO, Barcelona, 2003.
  • Bennet olshker: “¿Cómo se lo decimos a los niños?”. Respuestas sencillas a cuestiones difíciles. Ediciones MEDICI. Barcelona, 1991.
  • Heisig, J.W.: El cuento detrás del cuento, Ed. Guadalupe, Buenos Aires, 1976.
  • Bettelheim, Bruno: Psicoanálisis de los cuentos de hadas, ED. Grijalbo, Barcelona, 1986.
  • Jean Piaget.: “La representación del mundo en el niño. Ed. MORATA, Madrid, 2001.

[1] Bettelheim, Bruno: Psicoanálisis de los cuentos de hadas.

ED. Grijalbo, Barcelona, 1986.


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