Introducción

Cuando tenemos un problema psicológico, los síntomas más o menos visibles externamente son síntomas derivados de otros problemas con causas más enraizadas en nuestra personalidad.

La personalidad evitativa se caracteriza por estar presente en personas con una sensibilidad muy fuerte a ser rechazados por los demás. Es lo que socialmente se suele calificar como una persona extremadamente tímida, lo que le dificulta sus relaciones sociales. Por ello, suelen tender al aislamiento y la inhibición social.

Es importante entender la importancia que tiene el apego que desarrollamos durante los primeros años de vida con nuestro principal progenitor/a o cuidador/a. La persona evitativa va desarrollando durante su infancia un gran miedo al contacto con los demás junto con sentimientos de gran incompetencia propia.

Además, pueden desarrollar síntomas de ansiedad, depresión, obsesivos-compulsivos y, sobre todo, de fobia social.

Para algunos autores, la fobia social está caracterizada por los mismos problemas de base que los problemas de personalidad evitativa, formando parte del mismo continuo. Es un miedo intenso y preocupación por la evaluación y el rechazo de los demás junto con sentimientos de baja autoestima e inadecuación social.

Podemos ver algunos ejemplos de películas y series de televisión donde se explica este tipo de personalidad (Véase artículo fobia social en el cine: http://www.psicologiaenlared.com/la-personalidad-evitativa-en-el-cine/)

 

¿Qué es la personalidad evitativa?

El DSM-5 define el trastorno de personalidad como un patrón general de inhibición social, sentimientos de inadecuación e hipersensibilidad a la evaluación negativa (American Psychiatric Association, 2013). Plantea las siguientes posibles características:

  • Evita trabajos y actividades que impliquen un contacto interpersonal importante por miedo a críticas, desaprobación o rechazo.
  • Poca implicación con personas con las que no esté seguro/a de que les va a caer bien.
  • Preocupación excesiva de ser criticado o rechazado en situaciones sociales.
  • Verse a uno mismo/a como inferior a los demás.
  • Corren pocos riesgos y se involucran poco en actividades nuevas y comprometedoras.
  • Represión en las actividades íntimas por miedo a ser avergonzado/a o ridiculizado/a.
  • Inhibición hacia situaciones interpersonales nuevas.

Millon (2006) habla de un patrón de personalidad evitativo. Les describe como personas con rigidez social que frecuentemente están a la defensiva. Sienten un fuerte temor a ser humillados y no se arriesgarán a mostrarse tal y como son.

Frecuentemente son personas con pocos amigos de confianza, no disfrutan con su estilo de vida, a diferencia de las personas asociales, padeciendo un continuo “querer y no poder” (Delgado, 2019).

El sentimiento de vergüenza también es significativo. No se creen merecedores de existir y se ven sin derecho a ser valorados ni amados en muchas ocasiones. Evitarán abrirse al mundo y van a seleccionar mucho los ambientes donde interactúan.

 

 “La actitud de la persona necesitada de recibir aceptación y afecto, unida al miedo a ser rechazada, que se activa en toda interacción social novedosa a la que se ve obligada, genera las condiciones precisas para que se pueda entender dicho problema” (García, 2015).

 

Causas de la formación de una personalidad evitativa

La generación del vínculo

En los primeros años, el vínculo afectivo es fundamental para que la persona genere una seguridad existencial a lo largo de su desarrollo. Las conductas de apego son instintivas y se activarán por cualquier condición que parezca amenazar el logro de la proximidad, tales como la separación, la inseguridad o el miedo (Bowlby, 2014).

El factor determinante del apego es el cuidado y la capacidad de respuesta o sea la protección (Actualidad en Psicología, 2018). Por lo tanto, un sólido respaldo materno a la progresiva socialización del niño, a su progresiva adquisición de una autonomía personal real, al desarrollo de su independencia facultativa (García, 2015).

Así, la tendencia general de la mayoría de progenitores movidos por el afecto hacia sus hijos, consistirá en mostrar interés hacia el niño y hacia aquello que comunique, presentar una actitud favorable a satisfacer sus necesidades, valorarle favorablemente, tenerle presente como una figura importante dentro del hogar incluyéndole en el sistema de relaciones familiares, etc.

Es en el conflicto del vínculo con la figura de seguridad, normalmente la madre, donde se produce esta personalidad con rasgos ambivalentes ante las relaciones sociales (Delgado, 2019).

Podemos decir que cuando se dan las siguientes características en la relación figura cuidadora-hijo se produce una fuerte inseguridad existencial en los ámbitos sociales:

  • Ruptura del vínculo afectivo o establecimiento de un vínculo no seguro.
  • Rechazo sobre su existencia.
  • Falta de relación cercana (largos periodos de separación).
  • Desinterés por su existencia o incluso negligencia.
  • Falta de valoración o aceptación genuina sobre las capacidades del hijo/a (dándose una sobreprotección en donde se fomenta la autonomía e independencia).

 

El rechazo a la existencia del hijo/a

En la producción de los trastornos de la personalidad por evitación destaca las siguientes características (Millon, 2006):

  • Privación social y/o indiferencia materna durante el periodo crítico.
  • La malevolencia, el rechazo y la devaluación.
  • Son censurados y afectivamente abandonados.
  • Tratan a sus hijos de forma ruda y fría.
  • Ridiculizan, menosprecian y denigran los primeros esfuerzos de sus hijos en adquirir autonomía.

El principal rechazo que puede recibir un bebé se debe cuando hay una negación sobre su existencia, no queriendo que exista desde su gestación o cuando ha nacido.

Se trata de hijos no deseados en realidad, a los que se les culpa de algún daño o de hijos que, una vez nacidos, se rechaza por alguna de sus características ontológicas (su forma de ser tanto física como psicológica). Esto provoca una identidad negativa que repercutirá en su autoestima y en su forma de relacionarse con el exterior (Delgado, 2019).

Algunas de las actitudes que se pueden dar desde ese rechazo troncal son (García, 2015): mensajes de humillación o desprecio, falta de atención voluntaria, discriminación frente a sus hermanos, falta de ayuda o respaldo o críticas directas o indirectas sobre su forma de ser frente a terceros.

Todas estas formas de rechazo suelen ser sutiles, no evidentes para los ojos de un observador que desconoce el conflicto entre la figura de seguridad y el hijo/a, por lo que ante la mirada social siempre va  a ser una buena o un buen cuidador (normalmente la madre o el padre). De este modo, el hijo/a captará de forma sutil el rechazo, pero tendrá datos contradictorios.

En este tipo de violencia por parte de los progenitores hay dos planos que el niño/a no podrá distinguir hasta la adolescencia e incluso hasta la edad adulta (García, 2018):

  • Tales formas de hostilidad efectiva.
  • El plano de las falsas apariencias del progenitor.

“El posible rechazo que una madre puede dispensar hacia el nacimiento y/o existencia de un hijo es la causa más probable de la producción de una fobia social en el hijo rechazado”. (García, La gran aventura del Yo, 2018).

 

Consecuencias del rechazo existencial

Vínculo y falsa ilusión de control

A pesar de los esfuerzos que el niño puede hacer para ser estimado por la figura de seguridad, no consigue recibir estima ni amor, sino todo lo contrario.

A menudo se instala la creencia de que “si soy bueno con los demás, los demás lo serán conmigo”, existiendo una falsa ilusión de control. Estas actitudes se pueden ver desde la infancia, por ejemplo: “mi madre no me quiere porque soy malo, voy a ser bueno para que me quiera”.

Esta creencia irreal de autoculpación de los afectos ajenos tiene su razón de ser. A pesar de que el niño no tiene responsabilidad de que su progenitor no le quiera, no podría soportar una situación donde fuese consciente de la realidad del rechazo, ya que se sentiría indefenso.

Por consiguiente, habría 2 consecuencias de ello:

  • La malignación de su identidad personal
  • La agresividad generada por la frustración que ocasiona la injusticia.

La combinación de ambos patrones en una sola respuesta ocasiona agresividad hacia uno mismo.

 

Consecuencias durante el desarrollo del niño/a

El rechazo existencial puede generar un sistema de referencia interno de la persona que será del tipo “no debo existir socialmente”.

A pesar de ello, se ve obligado a existir interpersonalmente mostrando actitudes en conflicto hacia la propia existencia, lo cual permite considerar este tipo de trastorno como una estructura fóbica hacia la propia existencia social (García, 2015).

Esquema: “quiero existir siendo aceptado – no quiero existir bajo rechazo social”.

El miedo que la persona tiene de existir en el entorno tiende a producirle alteraciones emocionales involuntarias derivadas del conflicto, que se harán visibles en ciertas interacciones. La actitud asociada a la evitación produce una retroalimentación.

Figura 1. Estructura Fóbica por rechazo existencial (Delgado, 2019).

Como veremos posteriormente, esta estructura puede desembocar en casos más graves en un trastorno de fobia social.

 

Síntomas y trastornos principales de las personas evitativas

La ansiedad generalizada es uno de los trastornos más comunes. Suelen mostrarse tensos, irritables y con constantes preocupaciones sobre lo que acontecerá en el futuro. Son personas hipervigilantes que ponen el foco de atención en controlar posibles amenazas. El trastorno obsesivo -compulsivo es otro frecuente problema. Las obsesiones y compulsiones suelen distraerlos de sus propios los propios pensamientos acerca de su inadecuación (Millon, 2006).

También son muy vulnerables a los sentimientos depresivos, donde el aislamiento juega un papel clave en trastornos del estado de ánimo como depresión mayor o trastornos bipolares.

El rechazo existencial materno condena al hijo a padecer un serio problema de autoestima que, a menudo, se incrementa con actitudes de fuerte autorechazo. Debido a la fobia a su propia existencia social, depende de un flujo muy reducido de entrada de valoración de sí misma procedente de sus actividades.

El tratar de relacionarse en estados de malestar con un yo prácticamente anulado, prevé que mostrará signos de angustia hasta llegar a sentir pánico.

Pueden desarrollar una actitud de miedo intenso hacia sus propias reacciones emocionales en las interacciones que establezca (responsabilidad, autodesprecio, culpa y vergüenza)

 

La fobia social

La fobia social es uno de los principales problemas que puede generar un patrón de personalidad evitativo (Millon, 2006). Debido al rechazo y las duras críticas de los cuidadores, estas personas tienen unas habilidades sociales muy poco adecuadas a los retos que deben afrontar en el mundo. Por ello, muchos intentan adaptarse reduciendo mucho sus relaciones, quedando atrapados en un círculo vicioso (cuanto más aislado, más fobia social).

Existen muchos investigadores que se cuestionan que se trate de dos cosas separadas, representando puntos de solapamiento dentro de un mismo continuo (personalidad-fobia).

La fobia social, según definen los manuales psiquiátricos, es un temor o ansiedad intensos en situaciones sociales en las que se está expuesto al posible escrutinio de otras personas (American Psychiatric Association, 2013). Existe un temor a actuar de cierta manera que pueda ser evaluada negativamente.

Estas personas temen actuar de manera que sea humillante o embarazosa. Para ello, tienen que hacer algo mientras los demás les están observando (Caballo, Salazar, & Carrobles, 2014).

Dependiendo de la cantidad de situaciones que tema, la persona se encontrará más o menos limitada. Pueden presentar problemas en el área académica, laboral, de ocio, relacionales con el sexo opuesto, con conocidos, desconocidos y personas de autoridad.

Situaciones temidas

  • Interacciones sociales: mantener una conversación, reunirse con personas desconocidas, ir a una fiesta.
  • Ser observado: haciendo una actividad, comiendo, bebiendo, etc.
  • Actuar delante de personas: dar una charla o hacer una exposición.

La fobia social la sufre una persona extremadamente tímida que quiere relacionarse con el exterior pero que sus miedos e inseguridades le impiden tener contacto en ámbitos sociales o cuando está en estos ámbitos sufre de una gran ansiedad” (Delgado, 2019).

 

Tratamiento para la personalidad evitativa y fobia social

Para poder mejorar un patrón de personalidad evitativo es necesario realizar una terapia psicológica, donde un profesional pueda evaluar las creencias acerca de la visión que esa persona tenga de sí misma y realizar una intervención basada en la consciencia y cambio.

Debemos tener en cuenta que suelen presentan una mayor dificultad para acudir a un psicólogo que les pueda ayudar debido al gran miedo al rechazo y, por lo tanto, a abrirse con cualquier persona que no conocen. En muchas ocasiones pueden querer cumplir lo que ellos creen que son las expectativas del terapeuta (Millon, 2006).

Por ello, es necesario un terapeuta que ayude a generar una confianza y un vínculo terapéutico adecuado. La autoestima y la aceptación de uno mismo son dos conceptos fundamentales en terapia. A medida que haya mayor seguridad en el paciente, es necesario centrarse en otros problemas asociados como la autoestima, los pensamientos automáticos, la propia evitación experiencial, la evaluación objetiva de uno mismo o la tolerancia a las situaciones (Millon, 2006).

 

 

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Bibliografía

Actualidad en Psicología. (27 de Septiembre de 2018). Actualidad en Psicología. Obtenido de John Bowlby y La teoría del apego: https://www.actualidadenpsicologia.com/bowlby-teoria-apego/

American Psychiatric Association. (2013). DSM-5. Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ªed.).

Bowlby, J. (2014). Vínculos afectivos: formación, desarrollo y pérdida. Morata.

Caballo, V. E., Salazar, I. C., & Carrobles, J. A. (2014). Manual de Psicopatología y trastornos psicológicos. Madrid: Pirámide.

Delgado, S. (05 de 04 de 2019). La Fobia Social (Personalidad Evitativa) en el Cine. Obtenido de Psicología en la Red: http://www.psicologiaenlared.com/la-personalidad-evitativa-en-el-cine/

García, C. J. (2015). Realidad y Psicología Humana, Libro 3: Los trastornos humanos de irrealidad. Madrid: Autoria Medinaceli.

García, C. J. (2018). La gran aventura del Yo. Madrid: Medinaceli.

Millon, T. (2006). Trastornos de personalidad en la vida moderna. Barcelona: Elsevier.

 

 

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