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Frustración y resentimiento ante la vuelta

En muchos de los artículos de este blog, hemos ido viendo las diferentes dificultades psicológicas y emocionales que pueden surgir en aquellas personas que por distintos motivos, deciden emigrar de su país de origen. Duelos o sentimientos de pérdida, rechazo, soledad, amor a distancia, adaptación, miedos, ansiedades… son algunos de los obstáculos con los que se va encontrando el expatriado a la hora de acomodarse en el país de destino. Pero, ¿qué hay de la vuelta?, ¿existen dificultades a la hora de retornar al país de origen?, ¿es tan prometedor como algunos ansían?

Tanto en este artículo como en los posteriores, vamos a tratar este aspecto de la emigración. El por qué de ello, es debido a que la migración de retorno es la gran olvidada del proceso y en muchas ocasiones, se puede hacer cuesta arriba.

Anteriormente, hemos podido ver cómo surge la emoción del miedo a la hora de plantearse si regresar o no. En esta ocasión, vamos a ver la frustración y resentimiento que se pueden dar en ciertas personas una vez se toma la decisión de volver.

Los motivos de la experimentación de dichos sentimientos, se inician en las causas del porqué se vuelve. Existirían cinco tipos de migraciones de retorno y es sobre todo por dos de ellas, por las que se puede experimentar frustración y resentimiento. Para entenderlo con mayor claridad, veamos a continuación los retornos existentes:

  • El retorno voluntario y definitivo tras una larga estancia. Generalmente éste se da porque se han alcanzado las metas inicialmente propuestas y es entonces, cuando la persona regresa a su país de origen. La bibliografía nos muestra que normalmente son jubilados con pensión o emigrantes que tras haber ahorrado, vuelven a su tierra con una mejor posición económica.
  • El retorno de trabajadores temporales. Suelen ser personas que emigran un pequeño periodo de tiempo para desempeñar trabajos eventuales en donde generar ingresos que les permitan subsistir durante el año.
  • El retorno transgeneracional. Es la vuelta de hijos o nietos de emigrantes.
  • El retorno forzoso. Se le denomina así a las personas que por diferentes motivos son deportados del país de acogida.
  • El retorno como fracaso del proceso migratorio. Diferentes son los motivos que llevan a personas a tomar esta decisión, pero normalmente suele ser porque las expectativas planteadas en un inicio no se cumplen o no se consiguen. Suele ir en términos laborales aunque también es por no haber podido adaptarse a la cultura, idioma, climatología, etc.

Vista esta clasificación de los tipos de retornos, es en las dos últimas donde lo más probable, es que se pueda dar este sentimiento de frustración y resentimiento a la hora de volver.

Para entender el por qué se dan, hay que partir del significado de cada uno de ellos y sólo entonces, es cuando podremos empezar a gestionarlos y superarlos.

Dicho esto, la frustración la podríamos definir como el sentimiento que se genera en un individuo cuando no puede satisfacer o cumplir aquella meta que desea. En el caso que nos atañe, este sentimiento se daría por no alcanzar el objetivo que se propuso en un principio la persona expatriada, es decir, conseguir un buen empleo, adaptarse en la nueva cultura, aprender el idioma, generar una buena red social, etc. Que no consigamos esto, hace que en muchas ocasiones se vea mermada nuestra autoestima y por lo tanto, cuestionemos el valor de nuestra propia existencia. Si esto es así, la autoaceptación y autovaloración sobre uno mismo se desinfla y acarreará malestares emocionales tales como ansiedad, depresión o ira, de la que si no se gestiona bien derivará el rencor o resentimiento.

Por lo tanto, la frustración de la persona que ve truncada sus expectativas iría ligada al resentimiento. En este caso el rencor puede ir en dos direcciones, es decir, por un lado dirigido al país de acogida, ya que no ha posibilitado que consiga mis metas y por otro, al de origen, ya que la situación actual allí (por ejemplo: España) hace que me obligase a emigrar.

La conclusión de lo expuesto aquí, es que una vez la persona está de vuelta en su país de origen, hay un cúmulo de ira y odio hacia el exterior que hace que nuestro interior se consuma poco a poco.

Pero, ¿cómo podemos gestionar y voltear esta situación? Es cierto que no es tarea fácil, pero no por ello nos quedaremos ahí, sino que intentaremos aportar nuestro granito de arena para aquellas personas que sufran una situación similar.

Una vez leí una frase que decía: “La causa primaria de la infelicidad nunca es la situación, sino tus pensamientos sobre ella. Sé consciente de los pensamientos que estás teniendo”.

Bajo esta cita es donde se encuentra nuestro modelo psicológico, es donde radica el ingrediente esencial para gestionar nuestras emociones y consecuentemente alcanzar un mayor bienestar. Para conseguir que no padezcamos de resentimiento, tenemos anteriormente que tolerar nuestra frustración y para ello, tenemos que ser conscientes de nuestras cogniciones sobre la situación que la realidad nos da.

Con esto quiero decir, que la clave para superar dicha frustración es aceptar la discrepancia entre la situación ideal y la situación real.

Es cierto que la tolerancia a la frustración es variable dependiendo del umbral de cada sujeto, por ello lo que hay que conseguir es aumentar dicha tolerancia, la cual, en nuestra sociedad actual suele ser baja, ya que queremos las cosas con inmediatez y carecimiento en la capacidad de espera.

También habría que añadir, que en muchas ocasiones tenemos una serie de cogniciones irreales y desadaptativas que no se adecuan a la realidad existente, es por ellas que surgen malestares emocionales que no sabemos gestionar y que nos conducen a elaborar metas irracionales, desmesuradas y altamente exigentes.

Es por todo esto que el trabajo para superar adversidades está en nuestro Yo, en nuestra forma de ser. Lo que el exterior nos da es lo que nos tiene que dar y eso, es algo que no podemos cambiar, pero lo que sí está bajo nuestro control y es modificable, son nuestros pensamientos sobre lo que nos llega. Esto se consigue con un buen trabajo en terapia, con un fortalecimiento del Yo, que posteriormente haga que nuestra relación Yo-Mundo sea menos afeccionante.

Obviamente este proceso necesita de tiempo y constancia, pero de todas maneras a continuación propongo una serie de tips prácticos a modo de afrontamiento ante la frustración y el posterior resentimiento:

  1. Darse tiempo: Consiste en evitar el análisis o reflexión hasta que se haya producido un enfriamiento emocional.
  2. Técnica del Zig-Zag: Cuando estamos frustrados afloran a su vez un mayor número de errores de pensamiento. Tendemos mucho a magnificar lo negativo, a pensar que todo es blanco o negro, etc. La idea aquí es hacer ver que todo en la vida tiene avances y retrocesos. Lo mejor para ello es dividir nuestras metas finales en pequeñas submetas, con lo que habrá retrocesos (zag) para seguir avanzando (zig). Con esto se quiere concienciar que los objetivos finales se logran en zig-zag. En muchas ocasiones es necesario retroceder para luego seguir avanzando, y no por ello significa que seamos un fracaso.
  3. Técnica del ramillete o de las 5 alternativas: consiste en buscar cinco alternativas para conseguir la meta, y valorar sus ventajas e inconvenientes. Es necesario tener en cuenta que la solución ideal no existe, por lo que buscaremos la que tenga más ventajas, o la que nos suponga inconvenientes más soportables.
  4. Frase clave: consiste en una autoverbalización significativa para que la persona abandone los pensamientos que le llevarían a conductas inadaptadas y sustituirlos por otros que le lleven a afrontar la situación, buscar alternativas de solución de problemas, etc. De esta manera la persona no focaliza la atención en el malestar si no en la solución del inconveniente.
  5. Técnica del amigo: la persona debe pensar en qué consejos le daría a un amigo, distanciándose del problema, y por tanto, de los sentimientos.

Para ir concluyendo este artículo, me gustaría recalcar que para conseguir superar la frustración y resentimiento ante la vuelta del expatriado, hay que ser consciente que lo que nos provoca este malestar son nuestras cogniciones y que por tanto si trabajamos en nuestro autoconocimiento, autoaceptación y autovaloración, conseguiremos cambios profundos que hagan que seamos más adaptables.

 

JAVIER ARZA. PSICÓLOGO EXPERTO EN PSICOLOGÍA COGNITIVO-CONDUCTUAL

 
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