Introducción

Hoy en día, estamos acostumbrados a escuchar el término dependencia emocional, pero ¿qué es la dependencia?, ¿es perjudicial?, ¿cómo podemos cambiarla? En este artículo tratamos de aclarar este concepto desde los enfoques más importantes al respecto.

Podemos definir la personalidad dependiente como persona con una necesidad de vínculo de manera constante, grandes carencias a la hora de desarrollar autonomía y madurez, así como miedo a desvincularse y sensibilidad al abandono.

Por lo tanto, el desarrollo personal queda en un segundo plano, mientras continúan necesitando un apego más propio de etapas tempranas del desarrollo.

La explicación a tales carencias podemos encontrarla en el desarrollo infantil y en los estilos de crianza sobreprotectores, donde no se ayuda al niño a desarrollar un autoconcepto basado en sus propias capacidades.

Este tipo de personas suelen desarrollar problemas psicológicos como ansiedad, depresión o trastornos alimenticios. Tales sintomatologías son el resultado de una desadaptación debido a creencias irreales que presentan sobre ellos mismos y su relación con el mundo.

Será fundamental, por lo tanto, una intervención psicológica basada en el cambio de creencias dependientes y desarrollo de la autonomía en la vida adulta.

 

¿Qué entendemos por dependencia?

Existen diversas fuentes que describen a la persona dependiente. Podemos ver algunas definiciones:

  • El “manual psiquiátrico de la Asociación Americana, nos habla del trastorno de personalidad dependiente. Lo describe como: “necesidad predominante y excesiva de que le cuiden, lo que conlleva un comportamiento sumiso y de apego exagerado, y miedo a la separación” (American Psychiatric Association, 2013).
  • Otra descripción parecida la podemos encontrar en el manual de Trastornos Modernos de la Personalidad de Millon (2006), quien habla del dependiente como una persona que vive a través de los demás, adquiriendo un rol más pasivo en sus relaciones.
  • Por otro lado, el psicólogo Carlos García (2015) denomina a este tipo de personas como “entes sensitivos”, los cuales tienen una actitud de subordinación hacia el otro sujeto. Además, existe un miedo al abandono ya que creen que no serán capaces de cuidar de sí mismos.

Este tipo de personas creen que su existencia discurrirá de modo más seguro y acertado que si fuera él mismo quien la rigiera. Son personas muy emocionales, que se dejan llevar mucho por los sentidos y que les cuesta más tener un estilo reflexivo y racional.

Por lo tanto, suelen juntarse con personas que consideran competentes y seguras, se preocupan desmesuradamente por la pérdida de apoyo o un posible abandono (Millon, 2006). Cuando se produce una pérdida, esto desemboca en tensión, tristeza y abatimiento. También tienen dificultades para expresar su desacuerdo con los demás por el temor de la pérdida de apoyo o desaprobación.

La necesidad fundamental en su vida es encontrar personas que les apoyen y asuman la responsabilidad en parcelas importantes de su vida. Esto hace que sea muy importante para ellos el hecho de tener una pareja ya que se sienten absurdos cuando están solos. Se les hace complicado, por lo tanto, terminar una relación y pueden verse inmersos en relaciones tóxicas sin saber muy bien cómo salir de esa situación.

 

El Ente Sensitivo

Vamos a centrarnos en este artículo en la explicación de este tipo de personalidad que, a mi parecer, es la más completa desde el punto de vista explicativo. El psicólogo Carlos J. García, en su libro “Realidad y Psicología Humana”, denomina a la persona con rasgos dependientes como ente sensitivo.

Durante el transcurso de nuestra vida, tenemos ciertas necesidades vinculares. Como seres sociales que somos, necesitamos relacionarnos con otras personas y establecer relaciones personales, mercantiles y de colaboración que nos ayuden en nuestra existencia. Por lo tanto, existen ciertas dependencias de los demás. El problema se produce cuando estas dependencias se ven incrementadas afectando a la autonomía emocional y el desarrollo.

Las personas que tienen una estructura sensitiva renuncian a su propia autonomía, pues no creen que puedan existir por ellos mismos. Buscan un sujeto exterior para sujetar su propia existencia. Tienen una actitud de subordinación hacia el otro sujeto, con gran miedo al abandono.

Además, suele darle máxima importancia al amor, pero en que le quieran, en que le acepten y le apoyen. Necesita “sentirse bien” y evitar el malestar asociado a las carencias a la hora de cubrir sus necesidades vinculares.

Debido a ello, piensan menos en su propia funcionalidad y desarrollo personal. Les cuesta más realizar actividades que requieran de esfuerzo y superación personal, ya que en el fondo lo que les dará la felicidad no son ellos mismos.

Tienen problemas a la hora de llevar a cabo una toma de decisiones, sobre todo si creen que entran en conflicto con los intereses de la persona a la que necesitan vincularse.

Por lo tanto, pueden establecer relaciones tóxicas con otras personas que se aprovechen de esta necesidad y consigan llevar la relación donde les conviene con estrategias de control del otro. La imperiosa necesidad de que me quieran puede nublar la capacidad crítica del dependiente e impedir que se tenga un conocimiento real del otro, sobre todo en una relación sentimental. Esto puede terminar perjudicando a la persona e impedir que sus relaciones funcionen.

 

TABLA 1. Diferencia entre el estilo de personalidad depresivo (Millon, 2006) y el ente sensitivo (García, 2015)

Personalidad dependiente (Millon) Ente vincular o sensitivo (García)
Anteponen a los demás en exceso y le dan más importancia al bien de estos que al suyo propio. Grandes problemas a la hora de llevar a cabo una toma de decisiones
Viven a través de los demás y para los demás Necesitan auto-vincular un grupo de sus actividades a sujetos exteriores
Tienden a disculparse en exceso, incluso cuando son las otras personas las que deberían responsabilizarse. Creencia de que hay formas de poder benignas en las que apoyarse y subordinarse, ya que son mejores que ellos mismos.
Su autoestima depende muchas veces de sus relaciones Poca independencia y autonomía donde no sienten que puedan existir por ellos mismos.
Se sienten indefensos y temen hacer cualquier cosa por sí solos. Necesitan que otros se ocupen de ellos y les solucionen sus necesidades. No se ven capaces de hacerse cargo de su propia vida, ya que han adquirido un sentimiento de indefensión y desconfianza en sí mismos.
Vulnerabilidad al abandono. Papel pasivo en sus relaciones. No demanda más allá que ser gobernado por otro. Simplemente, a veces pide que se le manifieste afecto.

 

 

Orígenes del Ente Sensitivo

Al nacer, los bebés necesitan el apoyo total de sus padres para poder. Sin este cuidado no sería posible que el niño se desarrolle por sí mismo. Pero no solamente son necesarios el apoyo en cuanto a la subsistencia física, también es indispensable que los progenitores sean quienes ejerzan su responsabilidad en el desarrollo de las capacidades intelectuales y emocionales que van a llevar al niño a una adaptación al mundo y a la autonomía en un futuro a largo plazo.

Según Carlos J. García (2015), en un vínculo natural la figura de seguridad comienza por sujetar la mayor parte de las funciones infantiles, y el propio niño se sujeta a la figura de seguridad en todo aquello que él no puede originar por sí mismo.

Sin embargo, a medida que va dejando de ser necesario debido a la progresiva capacidad del niño, lo esperable es que el conjunto de conexiones entre el progenitor y las actividades del niño se vaya reduciendo. Por tanto, se van disolviendo sus respectivas dependencias funcionales en una progresiva independencia, que decanta en sucesivos incrementos de autonomía entitativa del niño.

 

Es decir, que no solo es fundamental el apoyo en los primeros años de vida para poder sujetar la existencia del hijo, sino que, además, es muy importante ir retirando este apoyo en procesos donde el niño pueda sujetarse a sí mismo en ellos.

Si esto no ocurre así, puede dar origen a posibles problemas en la construcción de la persona, dando lugar a un ente sensitivo o personalidad dependiente. Por un lado, le afectaría a la construcción de su identidad, ya que la persona pasa a sentirse con la necesidad de tener un vínculo y no se ve suficiente por sí misma. Por otro lado, no se le permite al niño adquirir ciertas facultades que le ayuden a construir una valoración positiva de sí mismo y adquirir la autonomía.

Estas ataduras fuera de plazo con respecto a su figura vinculante, le dificultan al niño construir un autoconcepto sano y autónomo, cayendo en necesidades inmaduras relacionadas con la necesidad constante de vínculo con los demás.

Aunque socialmente quizás no se vea la sobreprotección como algo tan dañino para la persona, a nivel de desarrollo psicológico es un tipo de crianza muy dañina. Debemos diferencias una sobreprotección donde se ayuda al niño a evitar posibles peligros, sobre todo cuando es más pequeño, de un bloqueo a sus funciones de crecimiento por sí mismo.

Además, muchas veces se enmascara esta sobreprotección con lo que en el fondo es una falta de respeto y rechazo del valor en sí del ente que se está formando por figuras que ostentan roles más dominantes dentro de la familia.

 

¿Qué síntomas o enfermedades puede desarrollar el ente sensitivo o dependiente?

La falta de adaptación emocional a los diversos cambios en la vida puede originar al dependiente algunos trastornos que, dependiendo de cada persona, pueden ir desde síntomas hasta enfermedades mentales (Millon, 2006).

Los trastornos de ansiedad serían una de las consecuencias más importantes hoy en día en población clínica general y que el dependiente suele sufrir. Sienten que dejan de existir sin el vínculo con el otro, por lo tanto, la ansiedad es una reacción de alerta ante un posible abandono, dificultad para conseguir relaciones con los demás o una simple retirada de apoyo de una persona importante.

El sentimiento de que les será imposible poder encontrar ese vínculo que necesitan para existir puede desembocar también en una depresión. Como podemos ver en otros artículos (véase artículo “Trastorno Depresivo”), la depresión es una predisposición de la mente a dejar de gastar energía para existir debido a la imposibilidad de tal acción. En el dependiente, ven que les será imposible existir porque no encuentran vínculos, relaciones, parejas o las que tienen no les llenan.

Existen otros trastornos que pueden producirse en la persona dependiente. Los trastornos alimenticios son también frecuentes, así como las fobias y los trastornos físicos (Millon, 2006).

 

¿Qué tratamiento realizamos con la persona sensitiva o dependiente?

El tratamiento de este tipo de cuadros de personalidad requiere de manera fundamental poder ayudar a las personas desarrollar creencias acerca del valor que tiene su vida y ellos mismos como artífices de su existencia y felicidad. Esta situación puede volverse muy complicada debido a la gran atadura que poseen con respecto al vínculo con el otro.

Es necesario, como en todo tipo de problemas, que sea la persona la que quiera cambiar, lo cual no es sencillo. Normalmente, estas personas suelen acudir a terapia cuando se produce una circunstancia de crisis en su vida. Es habitual que acudan a terapia tras una ruptura, problemas con su pareja, soledad u otros problemas relacionales.

En terapia, trabajamos con el síntoma como información fundamental que nos ayuda a saber que se está produciendo una circunstancia interna que produce desadaptación en la vida. Es necesario enseñar a la persona a identificar también las causas de tal síntoma, las cuales residen en las creencias que definen nuestro valor y sentido en la vida, así como nuestra relación con el mundo.

Posteriormente, la persona va aprendiendo a desapegarse de los vínculos dependientes y consiguiendo así tener relaciones más sanas gracias al desarrollo de su madurez emocional.

Este es fundamental ya que, como hemos visto anteriormente, el dependiente puede tender a caer en relaciones tóxicas donde, el hecho de no darse valor por sí mismo, le dificulta tener una relación sana con otra persona, ya que la relación es totalmente asimétrica.

Como en otros cuadros de personalidad, la terapia consigue una mayor adaptación al entorno en el que vivo y un crecimiento personal de uno mismo.

Además, es importante poder profundizar en creencias y conseguir un mayor autoconocimiento para que la persona consiga solucionar los problemas de fondo y desarrollar su máximo potencial.

 

¿Cómo puedo saber si soy dependiente?

Si te interesa conocer si tienes rasgos dependientes en tu personalidad, realiza este sencillo test de personalidad.

 

RESULTADO DEL TEST

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RASGOS DEPENDIENTES MEDIO-ALTOS

 

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Recuerda que los resultados de este test son probabilísticos y en ningún caso pueden servir como diagnóstico clínico

 

 

 

 

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RASGOS DEPENDIENTES BAJOS O MODERADOS

 

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SIGUIENTE

#1 Me considero una persona muy agradable y sumisa ante los demás

SIGUIENTE

#2 A menudo renuncio a hacer cosas porque temo no hacerlas bien

SIGUIENTE

#3 Suelo perder los nervios con facilidad

SIGUIENTE

#4 Siempre tiendo a culparme a mí mismo cuando las cosas salen mal

SIGUIENTE

#5 A menudo dejo que los demás tomen por mí las decisiones importantes

SIGUIENTE

#6 Siempre me aseguro de que mi trabajo esté bien planeado y organizado

SIGUIENTE

#7 Me suele faltar confianza en mí mismo para arriesgarme a hacer algo nuevo

SIGUIENTE

#8 A menudo estoy irritado y de mal humor

SIGUIENTE

#9 La gente puede hacerme cambiar de idea fácilmente, aún cuando ya había tomado una decisión

SIGUIENTE

#10 Me preocupa mucho que me dejen solo y tenga que cuidar de mí mismo

SIGUIENTE

#11 Incluso en los buenos tiempos, suelo estar preocupado de que las cosas puedan ir mal

SIGUIENTE

#12 Me asusta la idea de estar solo y no tener a alguien cercano a mi lado

FINALIZAR

 

 

 

 

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2013). DSM-5. Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ªed.).

García, C. J. (2015). Realidad y Psicología Humana, Libro 3: Los trastornos humanos de irrealidad. Madrid: Autoria Medinaceli.

Millon, T. (2006). Trastornos de personalidad en la vida moderna. Barcelona: Elsevier.

 

 

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