Introducción

Una de las dificultades más importantes para el emigrante es tener que aprender una nueva lengua cuando llega al país de destino. Adquirir un idioma desde cero requiere un esfuerzo añadido para la persona. Además, necesitará conocer el idioma de manera extensa al tener que utilizarlo para su comunicación fuera de casa desde ese momento.

La edad en la que uno aprende otro idioma tiene una gran importancia, ya que las facilidades y dificultades no son iguales para un niño que para un adulto, y tampoco será igual el resultado final.

Es de todos conocido que los niños tienen mayores facilidades para el aprendizaje de un idioma. Como muestran muchos estudios, para aprender a hablar una lengua solo hace falta exposición lingüística a una edad temprana (Cuetos Vega, González Álvarez, & De Vega Rodríguez, 2015).  Cuando una persona aprende varios idiomas durante su edad crítica de aprendizaje, se le denomina bilingüe.

Son muchos los niños bilingües que se forman como producto de ser hijos de padres emigrantes. Este hecho origina importantes diferencias con respecto a otros niños, lo cual nos muestra la necesidad de analizar y comprender sus peculiaridades para ayudarles en su óptimo desarrollo.

 

 

 

La importancia del lenguaje

El lenguaje humano es un sistema de comunicación complejo desarrollado durante miles de años que ha contribuido enormemente al desarrollo de nuestra especie. Hoy en día es imprescindible poder leer, escribir y hablar un idioma de manera correcta para tener una comunicación con el mundo que nos rodea.

Comenzamos a balbucear ya en el primer año de vida. Posteriormente, se van aprendiendo diferentes fonemas y palabras. La edad de desarrollo del núcleo esencial de las competencias lingüísticas se encuentra entre los 4-5 años (Cuetos Vega, González Álvarez, & De Vega Rodríguez, 2015). Durante las etapas prescolares se van adquiriendo las capacidades de lectura y escritura. Es también el lugar donde el niño empieza a relacionarse con sus iguales.

Pero el lenguaje es mucho más que una herramienta para comunicarnos, ya que promueve el desarrollo de las aptitudes humanas siendo herramienta central de prácticas sociales internalizadas (La Capital, 2017). Así es, no entenderíamos el mundo sin el lenguaje que nos permite relacionarnos, cooperar y ser creativos para el desarrollo de la especie.

En el mundo podemos encontrar más de 6 mil lenguas, siendo las más habladas el chino, español e inglés. No es de extrañar, por lo tanto, que se haga necesario tener que aprender varias lenguas a lo largo de la vida para poder comunicarse y comprender a personas que no viven en nuestro país. Sin embargo, el aprendizaje de todas ellas se realiza de la misma manera debido a su condición exclusivamente humana y a la posibilidad de existencia de un tronco común entre ellas (Cuetos Vega, González Álvarez, & De Vega Rodríguez, 2015).

 

 

 

¿Qué entendemos por bilingüe?

Para entender lo que es un niño bilingüe, debemos aclarar primero ciertos conceptos de la teoría general del lenguaje.

Se denomina lengua nativa o materna al idioma de origen, es decir, al primero que aprendemos. Este será utilizado por la persona en su pensamiento y comunicación a lo largo del ciclo vital (Centro Virtual Cervantes, s.f.). El idioma nativo es nuestro primer idioma, sin embargo, no tiene por qué ser el único, pudiendo adquirir otras lenguas con la misma facilidad. La pregunta es: ¿se puede hacer esto a cualquier edad? La respuesta quizás no sea tan clara.

La edad a la que uno puede aprender un nuevo idioma no parece tener límites, sin embargo, los expertos nos dicen que la edad si influye. Según los estudios, el periodo crítico, en donde el niño presenta mayores facilidades de adquisición de un lenguaje, delimita una edad comprendida entre los 2 y los 14 años. En cuanto a la pronunciación, diversos autores fijan la edad de 10-12 años a partir de la cual, se pierden estas capacidades, otorgando un acento extranjero a oídos de los hablantes nativos (Cuetos Vega, González Álvarez, & De Vega Rodríguez, 2015).

No hay una definición única para expresar las características del niño bilingüe. Parece que los autores no se ponen de acuerdo en cuanto a la edad de adquisición. Como concepto general, hablamos de bilingüismo como capacidad que tiene una persona de hablar dos lenguas indistintamente, habiendo aprendido ambas durante el periodo crítico.

La adquisición de los dos idiomas ha podido producirse desde el nacimiento (bilingüe nativo) o durante el periodo crítico infantil (bilingüe adquirido) (Pérez Porto & Merino, 2011).

En las familias emigradas podemos encontrarnos con ambos casos de bilingüismo. Por un lado, personas recién llegadas pueden tener descendencia al poco tiempo en el país de destino. Por otra parte, familias que emigran con sus hijos pequeños a otros países.

 

 

Circunstancias familiares del bilingüe

Como hemos visto anteriormente, las familias que emigran pueden viajar con hijos pequeños o tenerlos al poco tiempo de llegar. Ambos casos dan lugar a niños bilingües ya que, aunque la persona nazca ya en el país de destino, las circunstancias intrafamiliares desembocan en un uso más frecuente de la lengua de los padres.

Esta es la característica fundamental del hijo bilingüe del emigrado. Los niños se encuentran con un microentorno familiar que habla un idioma diferente del que se habla en el contexto social y escolar. Este hecho puede producir notables ventajas como también dificultades si no se gestiona de la mejor manera.

Una de las cosas que más preocupan a los padres suele ser que su hijo aprenda el nuevo idioma cuanto antes. Este hecho puede hacer que incluso los propios padres empiecen a hablar al niño en la lengua del país de destino. Sin embargo, es necesario darse cuenta de otras necesidades básicas del niño, como el vínculo con los padres o el aprendizaje de las estructuras gramaticales y fonéticas de un lenguaje. Que los adultos generen estos primeros aprendizajes en su hijo en una lengua que quizás no dominen o no pronuncien bien puede ser contraproducente.

Además, el vínculo con los padres del bebé va a generar el apego del niño que desembocará en la futura estructura de personalidad e inteligencia emocional. Sus relaciones con el entorno también van a verse afectadas si se da un vínculo poco seguro.

Estas inseguridades de los padres también pueden aparecer cuando su hijo se retrasa con la adquisición del nuevo idioma. Los estudios revelan que los niños de temprana edad presentan unas capacidades muy superiores para adquirir varios idiomas (Cuetos Vega, González Álvarez, & De Vega Rodríguez, 2015). Las prisas por el aprendizaje pueden ser malas consejeras en este caso. Muchos padres poco preparados o informados pueden no generar las condiciones necesarias para el desarrollo intelectual y emocional de su hijo.

 

 

Ventajas del bilingüe

  • Obviamente, la gran ventaja es el conocer más de un idioma, lo cual otorgará a la persona la capacidad de comunicarse con más personas a lo largo de su vida. En el ser adulto, esto puede generar también una gran ventaja en el ámbito académico y laboral.
  • Otra de las principales ventajas del niño bilingüe es el beneficio que le supone para su desarrollo cognitivo. La adquisición de capacidades como atención, memoria o velocidad de procesamiento mejora cuando se aprenden varios idiomas. Los bilingües presentan mayor rendimiento en cuanto al rendimiento atencional y mejores capacidades intelectuales diversificadas (Salamanca López, 2015).
  • Retrasa la aparición de la demencia. Existen ya estudios que corroboran este hecho. Las personas que adquieren varios idiomas durante la etapa infantil tienen mayor dificultad para desarrollar demencias en la tercera edadal mejorar la reserva cognitiva (Open Mind, 2018).
  • Adquisición de un mayor número de expresiones propiamente culturales. Cada idioma incluye en el lenguaje distintas expresiones o maneras de hablar que van con la cultura de cada país y reflejan las emociones y sentimientos de la gente que lo forma. La persona que aprende varios idiomas puede formar una visión del mundo superior ya que aprende la guía de comunicación de varias culturas. Esto mejorará su adaptación al entorno en el futuro, con mayor capacidad de aprendizaje de nuevos países e idiomas.
  • Mayor capacidad de comprensión y empatía. Esta capacidad podríamos definirla como una consecuencia de la anterior. El mayor conocimiento cultural dará lugar a una mayor comprensión de las personas que forman una cultura y, por lo tanto, también otorgará a la persona de conocer mejor la realidad de las personas que forman la especie humana desde sus diferencias individuales.
  • Mejora las habilidades sociales. Posiblemente sea una capacidad fruto de la suma de las anteriores. Una persona que tiene una mayor capacidad mental, un mayor conocimiento de la cultura y una mejor comprensión y empatía de otro ser humano, tendrá mejores habilidades sociales y la posibilidad de relacionarse de una manera más sana con otras personas.

Que se ayude a la adquisición de mejor empatía y habilidades sociales no quiere decir que el niño las termine desarrollando ya que también tendrá una gran influencia la crianza paterna y materna y los valores que se le enseñen al niño.  Es importante por lo tanto que se le ayude desde pequeño a optimizar los recursos y a desarrollar una capacidad emocional.

 

Problemas del bilingüe

Son pocos los problemas que presentan los niños bilingües en realidad. Existen falsos mitos en estas personas que muchas veces los padres toman como ciertos.

Por ejemplo, la creencia de que aprender dos idiomas dificulta el desarrollo o ralentiza el aprendizaje. Muchos padres creen esta premisa como cierta y pueden tomar medidas que perjudican a su hijo. Como hemos señalado anteriormente, los padres pueden hablarle al niño en un idioma que no es el suyo, lo cual generará dos problemas: el retraso del lenguaje y un peor vínculo con su hijo.

El niño pequeño tiene unas capacidades superiores debido a que posee un mayor número de neuronas y una mejor plasticidad. Esto es debido a que, durante las etapas infantiles, es necesario adquirir muchas capacidades que formarán a la persona como futuro ser adulto. Por lo tanto, la adaptación a nuevas lenguas, países y culturas, son actividades que el niño está preparado a realizar.

 

 

Cómo podemos ayudar a nuestro hijo bilingüe

  1. Que aprendan el nuevo idioma con personas nativas. Puede ser contraproducente que los padres decidan hablar a su hijo en un idioma que no dominan. El niño puede aprender el idioma con una mala base tanto gramatical como fonética.
  2. Tener paciencia mientras el niño discrimina ambos idiomas. A veces podrá parecer que el niño mezcla los idiomas. Nada más lejos de la realidad, el niño está perfectamente capacitado para discriminarlos, sin que se produzca un retraso real en el aprendizaje.
  3. Habla a tu hijo en tu idioma materno. Por una parte, es importante que el niño aprenda también el idioma de origen. Además, el vínculo entre padres e hijos no se transmite igual en otro idioma. Siempre será aconsejable que el padre pueda transmitir lo que siente en un idioma más familiar, generándose un mejor vínculo y seguridad en el apego. En caso contrario el niño puede captar un progenitor más distante y más inseguro.
  4. Ser natural en el nuevo entorno. Es importante que las familias emigradas puedan vivir su nueva circunstancia de la manera más natural posible. No pasa nada por no saber o no conocer el nuevo país. Hay que darse tiempo a adaptarse a una nueva cultura e idioma, lo cual el niño adquirirá, no como algo negativo y contraproducente, sino como algo natural y adaptativo, pudiendo desarrollarse de una manera más constructiva.
  5. Preocúpate por ti tanto o más que por tu hijo. Algunos padres se preocupan tanto de controlar posibles factores negativos que puedan perjudicar a su hijo que se olvida de su propio proceso adaptativo y aprendizaje de la nueva lengua. Como hemos dicho anteriormente, los niños cuentan con unas capacidades muy grandes para poder adaptarse a una nueva cultura y aprender un nuevo idioma. Es muy importante que los propios padres puedan aprender la nueva lengua y adaptarse a la sociedad en la que les toca vivir para normalizar las futuras relaciones que puedan tener los hijos. No vamos a ser un buen apoyo para ellos si primero no nos adaptamos nosotros.

 

 

 

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