El actor, productor y realizador Clint Eastwood es uno de los últimos autores clásicos que sobreviven separado de las modas, corrientes o presiones sociales que la globalización y el establishment impone también al mundo del cine. Reconocido por sus obras y criticado por sus valores, Eastwood ha logrado ser independiente, en una industria donde el poder controla todo lo que se exhibe en las grandes pantallas. El presente artículo pretende hacer un recorrido breve de obra como realizador, en donde plasma una visión de la vida que para algunos nos puede recordar a los valores clásicos que difundieron figuras como Sócrates, Epicteto o Séneca, pero que desde la crítica superficial se le tilda de conservador, de derechas o incluso de fascista, como ocurrió en el artículo de la periodista Pauline Kael (1972)  cuando escribió sobre la película de Harry el Sucio (Don Siegel, 1971).

Eastwood comienza como actor secundario en series de televisión (Rawhide, 1959), pero poco a poco comienza a hacerse un hueco como protagonista en la gran pantalla, en Westerns clásicos (la Triología del dólar de Sergio Leone) o en películas policiacas (interpretando a Harry Callahan). Eastwood no se conforma con ser actor y crea su propia productora y también comienza a dirigir películas en las que alterna con su actividad de productor y de actor. Como creador, su filmografía es una reivindicación frente al poder ( Sin perdón, Poder Absoluto), contra la corrupción (El intercambio), sobre la verdad y la valentía (Cazador Blanco, Corazón), sobre la bondad (Gran Torino), sobre el amor sin posesión (Los Puentes de Madison) y en definitiva, diferentes obras fílmicas que se posicionan frente a los valores anti-reales (Carlos J. García, 2014), inversos a los clásicos, que se han instalado en nuestra sociedad. Veamos desde el análisis de algunas películas en particular, la relación inversa con esos valores anti-reales.

(Aviso al lector: para analizar las películas se desvelan las tramas de estas)

LA VERDAD Y LA VALENTÍA DE «CAZADOR BLANCO, CORAZÓN NEGRO»

Con la excusa de recrear el rodaje de “La reina de África”, Eastwood se pone en las botas de John  Huston, para relatar los conflictos de un hombre con el mundo que le rodea cuando se enfrenta a personajes que encarnan diferentes valores anti-reales.

Nuestro protagonista, como ese “Sócrates” de Roberto Rosellini (1970) va generando dudas e incomodidad con quien se atreve a burlarse de la realidad. La escena en donde muestra su desaprobación por los prejuicios de una mujer sobre los judíos, está llena de tensión por exponer la verdad de lo que cualquiera pensaría sobre una mujer así, pero que por educación, vergüenza o miedo al qué dirán, no se expresa. Sobre todo ahora, desde esa visión de lo políticamente correcto.

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Pero para demostrar que no es cuestión de género, sino de valores, la siguiente escena se enfrenta al director del hotel, que ya en la escena del fútbol ha mostrado su arrogancia y prepotencia. Después de arrojar la verdad a la cara de una supuesta dama, arroja un guante al director después de que este pegue a uno de sus empleados de color. A pesar de saber que tiene todas las de perder, le reta por su cobardía y se enfrenta con él delante de todos los clientes del hotel.

Esas dos personas encarnan los prejuicios, la soberbia, el narcisismo, que nos puede recordar con ciertos hombres y mujeres, que cada una y uno,a atacan a la realidad con sus armas para mostrar su desprecio: la mujer desde un encanto superficial y el hombre desde la fuerza sádica. Nuestro protagonista expresa a estas dos entidades psicopatógenas su rechazo a lo que encarnan.

¿QUÉ VALOR NOS PROPONE LA SOCIEDAD DE AHORA.?

EL PRAGMATISMO

El pragmatismo es una variedad del relativismo en donde la verdad de un enunciado no se mide por el objeto sobre el que se refiere lo enunciado, sino por su utilidad para la persona, utilidad para su existencia, por lo tanto nos plantea un “todo vale” a la hora de afirmar y también de operar sobre la realidad, si salimos beneficiados (existencialmente, aunque no ontológicamente).

De aquí se desprende, que se defienda el valor de la verdad según nuestro interés. Así, distorsionar la realidad dependiendo de nuestras necesidades y deseos es la propuesta que continuamente nos hace esta sociedad. Lograr nuestros sueños por encima de todo (la realidad), distorsionando la verdad o adaptarse al poder y a lo políticamente correcto, sin enfrentarse a las mentiras o medias verdades, ya que eso podría ocasionar un daño o un pérdida. En definitiva, lo que es útil para el ser humano en la actualidad es dar una imagen social correcta para obtener los beneplácitos de quienes domina o suponemos tienen unos  bienes que necesitamos. Bienes que son sobre todo materiales: dinero, sexo, placer, poder, etc.

EL AUTOENGAÑO

Pero no solo se acepta la verdad relativa, sino que también hay una visión positiva del auto-engaño, de ignorar aspectos negativos de la vida de uno, de dejar de dar importancia a aquello que realmente nos está dañando. Sobre este auto-engaño el psiquiatra Luis Rojas Marcos hace una apología del mismo en su artículo del país “Autoengaño, si gracias”. El autor afirma que este actitud o ya valor, al ponerlo como una cualidad humana, es lo que nos ayuda a sobrevivir, frente a la visión Socrática de que la verdad es la que nos ayuda a vivir bien, aunque por ella se ponga en riesgo nuestra vida, tal y como expresa en el Fedón.

LA BONDAD CON LOS QUE SE LO MERECEN EN «GRAN TORINO»

El personaje de Gran Torino (Walt Kowalski) muestra una transición desde los prejuicios raciales por el desconocimiento a lo extraño, hacia  el amor y la bondad a quien se merece ese trato, una pareja de hermanos pertenecientes a la comunidad asiática hmong. El sectegenario que ha combatido en Corea se encuentra con vecinos orientales a los que siente un profundo rechazo desde el recuerdo en la participación en la guerra, junto con la sensación de ser “invadido” en su barrio de toda la vida al que llegan sobre todo inmigrantes asiáticos. Pero el protagonista, poco a poco va conociendo a estos vecinos, sintiendo una comunalidad y una unión que no siente con su familia, a pesar de ser familia. Su nieta, arrogante, despótica frente al chico vecino, tímido, inmaduro pero con un fondo bueno. De este modo elige ser bueno con los que piensa se lo merecen, dejando su coche emblemático, un Gran Torino, como muestra de afecto y consideración a su nuevo amigo o “nieto”. Esta bondad toma un mayor nivel cuando se sacrifica por ellos frente a la banda de mafiosos asiáticos que están amenazando el barrio. La bondad ha estado presente tanto en los valores éticos de la filosofía clásica como en los valores de diferentes religiones, como puede ser la cristiana. Y como vemos en la definición de la RAE, la bondad se refiere a hacer el bien.

Según la RAE, se define bondad como: Del lat. bonĭtas, -ātis.

  1. f. Cualidad de bueno.
  2. f. Natural inclinación a hacer el bien.

Y si nos fijamos en qué es hacer el bien, podemos acudir a Carlos J. García que propone en su libro (pag 518) “Es buena toda acción que alguien haga para servir a la existencia de la realidad”. En este sentido, el Walt realiza una acción buena cuando sirve a la realidad que encarnan sus vecinos frente a la anti-realidad, que encarnan la pandilla de matones.

¿QUE NOS PROPONE LA SOCIEDAD?

EL BUENISMO.

Como sustituto de la bondad como valor esencial frente a la realidad,  ha aparecido el concepto “buenismo”. Según la RAE, el buenismo significa:

  1. m. Actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia.

Se ha pasado de la bondad basada en el amor, el respeto a la realidad y en la valentía frente a los que dañan la realidad, a una bondad basada en ese concepto de “buenismo” que desvirtúa la bondad como forma de generar bien. Si la bondad tiene que basarse en el conocimiento (de la realidad), esta supuesta nueva bondad se basa en rebajar los problemas, sin enfrentarse realmente a ellos, sino que se acepta aspectos que no deberían ser aceptados por el hecho de no tener una mala imagen social. De este modo, el buenismo pone el foco en la persona que realiza la acción, con el fin de tener un reconocimiento social, pero no en el objeto al que se dirige la acción supuestamente moral.

EL AMOR SIN POSESIÓN EN «LOS PUENTES DE MADISON»

Dos personas maduras que se conocen, en un momento quizá crítico en su existencia, con un futuro que deben elegir a partir de este encuentro, generando un conflicto con lo que hasta ese momento eran sus vidas. La mujer, Francesca (Maryl Streep), una ama de casa de origen italiano en un pueblo rural de Estados Unidos, ha construido una vida con su marido y sus dos hijos, que aunque pueda sentirse feliz en ciertos aspectos, siente haber dejado sus ilusiones y deseos de su existencia, por esa vida familiar. El fotógrafo, Robert (Clint Eastwood) que conoce en los días en los que su familia ha marchado, le hará volver a sentir aquellos aspectos de ella misma que había olvidado. El reportero, que ha recorrido medio mundo realizando fotografías, le vuelve a presentar la vida de fuera, de la que se ha aislado, sintiéndose además deseada y apreciada por lo que es ella misma y no por su rol de madre o esposa.

Después de este encuentro amoroso, ambos tendrán que decidir si seguir juntos o volver a sus vidas.

Esta decisión se basa en el amor hacia las otras personas, en el caso de la mujer, que concibe como decisión más real seguir conservando su vida familiar, renunciando a esa nueva vida que se le planteaba; y en el respeto a la voluntad del otro, como es la actitud del fotógrafo, que a pesar de querer y desear pasar la vida con la mujer de la que se ha enamorado, acepta su decisión que le aleja de él. No sabemos quien sufre más en esta decisión, ya que ambos renuncian a algo que valoran significativamente. Quizá la madurez es poder renunciar y no querer todo, también en el amor. 

¿QUÉ NOS PROPONE LA SOCIEDAD?

La pasión por encima de todo, como guía para las relaciones, que es la sexualidad hedonista junto con una actitud posesiva de control. Si no hay celos no hay amor afirma mucha gente, como si la posesión fuera igual que el amor.

Pero si se pone al sentimiento por encima de todo, también se huye de tener que renunciar o elegir, queriendo todo, sin renunciar a nada. Es la sociedad líquida que expresa Bauman, desde un amor líquido que se basa en el consumo continuo, de placer, sexo y relaciones, sin que haya una estabilidad o una razón real y profunda, sino que depende de la utilidad.

RESPONSABILIDAD Y ARREPENTIMIENTO EN «UN MUNDO PERFECTO»

Dos personajes antagónicos, el presidiario fugado (Kevin Costner)  y el sheriff (Clint Eastwood) que le persigue, cruzan de nuevo sus vidas después de un primer encuentro cuando eran mucho más jóvenes y aún los caminos de sus vidas estaban por hacer. Ambos muestran un arrepentimiento por el pasado, aunque no pueden modificar las consecuencias.  A pesar de ese visión negativa de lo que ha ocurrido en su vida, cada uno desde su camino, ambos asumen la responsabilidad y se ven como la razón de sus errores y fallos. No acusan al mundo, incluso en el protagonista convicto que muestra su pasado de maltrato infantil, donde podemos deducir que ese pasado ha tenido influencia en su vida presente. A pesar de ello, ambos personajes no ven en su entorno, en la sociedad o en el mundo en general la causa de sus acciones y su comportamiento, para bien o para mal, sino que lo asumen como lo hace la persona madura que ha aceptado su carga existencial y comprende que todo lo que hace y le ocurre depende de sí mismo y tiene como última causa y razón su propio ser.

¿QUÉ NOS PROPONE LA SOCIEDAD?

En la actualidad hay una falta de responsabilidad generalizada en donde se tiende a responsabilizar de la propia existencia al entorno. Los fallos, errores o las consecuencias negativas del propio hacer o simplemente las circunstancias adversas,  se intentan obviar o se ponen en el entorno comos si hubiera una inocencia generalizada, en donde se intenta salvaguardar cualquier mancha en la propia vida. Esta visión se puede ver en la apariencia de tomar responsabilidades cuando se ha cometido algún error, en personajes públicos como es “si alguien se ha sentido ofendido/a, pido disculpas”. El principio de pedir disculpas sería por verse razón del fallo y error y por lo tanto desde un arrepentimiento verdadero. Pero esa frase muestra que en realidad se tiene la visión que el mundo es el que se ofende y que esa ofensa, que suena a que es alguien sensible o incluso demasiado sensible, no se focaliza en esa persona que ha realizado la acción. Se pide disculpas por una imagen social, pero no por una visión de responsabilidad. La persona que se cuestiona a sí mismo lo que ha realizado se pregunta por ese hacer, lo que ha generado, de dónde ha venido y si realmente éticamente o moralmente ha incurrido en error.

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