Introducción

Hablar en público es una actividad habitual en nuestro mundo laboral, académico o social. Poder tener una buena capacidad comunicativa es importante para compartir con los demás nuestra manera de pensar, sentir u opinar.

Sin embargo, en ocasiones, vernos expuestos a los demás puede ocasionar una serie de inseguridades y síntomas que pueden afectarnos a la hora de realizar diversas funciones cotidianas.

Esto ocurre cuando, en lugar de sentirnos como sujeto de nuestras acciones, nos sentimos presos de los juicios de valor de los demás. De esta manera, podemos llegar a sentirnos inútiles o incapaces.

Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de miedo a hablar en público?, ¿qué diferencias encontramos entre miedo, timidez y fobia social? En este artículo queremos responder a estas y otras preguntas al igual que dar visibilidad a los problemas subyacentes que presenta esta fobia y los motivos psicosociales que se esconden tras ella.

¿Por qué es tan común este problema?

Hablar en público es hoy en día una herramienta imprescindible en muchos momentos de nuestra vida académica o laboral. También necesitamos hablar en público con nuestros amigos y familiares. Es una herramienta muy presente en la sociedad globalizada actual, donde predomina la vida en las grandes ciudades.

Por todo ello, hablar en público se ha convertido en una actividad cada vez más frecuente. Pero ¿por qué es tan frecuente que se produzcan fobias o miedos? Para resolver esta pregunta quizás debamos adentrarnos un poco en las características idiosincrásicas del ser humano.

A nadie hoy en día se le escapa que los humanos somos animales sociables, que vivimos en sociedad y necesitamos de los demás para la supervivencia. Desde nuestra esencia, nuestra naturaleza nos lleva a relacionarnos y a convivir, ya que de lo contrario hablaríamos de un aislamiento que nos produciría una falta de existencia en el mundo. Es por ello que nuestras relaciones sociales cobran tantísima importancia y, como todo lo que tiene importancia para nuestra existencia, puede generar trastornos y problemáticas.

Cuando la persona tiene una dificultad en sus relaciones, pueden generarse problemas en diferentes ámbitos: problemas de pareja, problemas familiares, problemas sociales, problemas laborales, etc. Estos problemas a su vez pueden generar una serie de trastornos diferenciados.

El problema que se genera a la hora de hablar en público es tan común porque se produce en un marco donde la persona con problemas sociales tiene que interactuar ante un grupo relativamente grande de oyentes pendientes de lo que está diciendo.

Aprendiendo a diferenciar conceptos

Vamos en este punto a diferenciar algunas patologías y conceptos relacionados con el miedo a hablar en público.

Este problema se conceptúa bajo el nombre de glosofobia. Se define como el miedo persistente, anormal, excesivo e irracional de hablar en público. Trata de un tipo de fobia específica situacional que se limita a las acciones de hablar en público (Lifeder).

Pero este miedo aparece en otra gran problemática dentro de los trastornos de ansiedad: la fobia social. Se trata de un temor a situaciones sociales donde se incluye desde mantener una conversación hasta dar una charla (Caballo, Salazar, & Carrobles, 2014). Estos autores diferencian también el rasgo que conocemos como timidez, definiéndolo como una propensión a responder con una elevada ansiedad y retraimiento en contextos sociales.

La principal diferencia entre una persona tímida y una persona con fobia o miedo sería el grado de deterioro social que se sufre, siendo la timidez más adaptativa.

Por otro lado, tenemos también la personalidad evitativa como patrón general de inhibición e hipersensibilidad a la evaluación negativa junto con sentimientos de inferioridad. Estas personas pueden incluso funcionar aceptablemente si se encuentran en un ambiente protegido, por ejemplo, viviendo con sus familias (Caballo, Salazar, & Carrobles, 2014).

Todos estos trastornos o rasgos de personalidad tendrían como denominador común el miedo a hablar en público, con la diferencia del grado del miedo que sufre la persona y los contextos donde se produzca.

Causas del miedo a hablar en público

Para ver las posibles causas de este problema debemos desglosar los verdaderos motivos que tiene la persona: miedo y preocupación excesiva por las miradas de los demás.

El ser humano, como hemos explicado anteriormente, necesita de otras personas, sin embargo, en ocasiones la influencia que otros generan en nosotros puede ser desadaptativa. La pregunta sería: ¿Por qué nos puede afectar tanto esa influencia hasta el punto de sentir miedo?

Pero como dijo Epicteto: “Lo que turba a los hombres no son las cosas, sino las opiniones que de ellas se hacen”. En realidad, no son los demás los que nos afectan sino la visión que nosotros tenemos de los demás.

Las dificultades a la hora hora de hablar en público aparece cuando la persona se «objetualiza» : se ve objeto de los juicios, valoraciones o acciones del mundo, rigiendo su existencia esas valoraciones o acciones externas, por lo que dará más importancia a lo que le pueda venir de fuera que a su propio hacer, en este caso su exposición o su comunicación (García, 2014). Su acción acción comenzaría en»porque me hacen o me pueden hacer X» y termina en un «para que me hagan o no me hagan X»

Frente a la existencia «objetual», estaría la existencia «sustantiva»  que es cuando la persona valora más lo que ella misma hace que lo que le hacen o le pueden hacer, es decir, centra la razón de su existencia o la razón de su hacer en ella misma  y no en algo ajeno o externo. De esto modo la persona  comenzaría una acción con un   «porque yo quiero hacer, decir, expresar X…». La primera y la última razón de su acción sería ella misma.

Son muchas las circunstancias en las que somos “objeto” de las funciones psicológicas y comportamentales de otras personas (García, 2014). El problema viene cuando esa objetualidad,  es mayor que el sentimiento de hacer las cosas por y para nosotros mismos, donde expresamos lo que somos en interacción con el mundo, lo que García (2014) denomina “sustantividad”. Sería, según este autor, un concepto clave en la construcción de la identidad o autoestima.

Cuando no existe esta construcción de la identidad y autonomía de la persona en su desarrollo, pueden producirse una objetualidad”. Esto supone tener unas creencias basadas en las respuestas del entorno, que definirían a la persona a través de juicios de valor hacia su identidad.

Lo que reflejan estos conceptos son ideas o valoraciones generales que las personas tienen en sus creencias. Serían estas las que nos definen y dan valor, al igual que delimitan si ese valor viene desde nosotros o desde las opiniones de los demás. Cuando la persona considera que las opiniones de los demás la definen de una manera más fuerte que sus propias capacidades, puede producirse miedo y preocupación por las respuestas del entorno. En ese momento la persona se objetualiza.

A partir de esa importancia de los juicios externos sobre nosotros mismos, la persona que tiene miedo a hablar en público es porque genera un miedo a que ese juicio sea negativo (posiblemente desde una visión previa negativa de su identidad). Es decir, la persona tiene miedo a que ese público vea algo negativo en uno mismo y por lo tanto obtenga un juicio de desvalorización externa. Al final, a lo que se tiene miedo es que esa devalorización externa pueda tener una consecuencia negativa: rechazo, crítica, etc., a recibir un daño existencial por «hablar en público».

Veamos esquemáticamente esta lógica de miedo a hablar en público

Visión negativa de sí mismo (autoestima baja-identidad negativa) —> objetualidad (mayor importancia al valor o juicio ajeno que al propio sobre uno mismo) —>miedo a recibir un juicio negativo—> miedo a recibir un daño existencial (por ejemplo rechazo).

¿Cómo podemos superar el miedo a hablar en público?

Al igual que en otros problemas psicológicos es necesario analizar causas subyacentes que puedan influir. Aunque el miedo a hablar en público puede desencadenarse desde distintas vivencias e historias personales, existe un concepto general (sustantividad) donde el fundamento para la persona es ella misma en interactuación con el mundo. Pero ¿cómo conseguimos que la sustantividad de forma a nuestras creencias y personalidad?

Para esto, igual que para todo, es fundamental la crianza. Como sabemos hay modelos de crianza más o menos propicios para ayudar a la persona a alcanzar su madurez y autonomía en el mundo. “Un estilo que consiste en consensuar de modo democrático las decisiones y las normas para dejar que los niños desarrollen su autonomía y su confianza” (Hacerfamilia.com, s.f.).

Un estilo democrático no es otra cosa que una crianza basada en el respeto hacia la autonomía del niño y en la ayuda hacia su desarrollo personal. Además del respeto, es necesario ir dando autonomía a los niños para que desarrollen un concepto positivo e individual de sí mismos. De esta manera se ayudaría a conseguir la sustantividad. Así, cuando la persona sea adulta interactuará con el entorno desde un concepto y valor individual más positivo y es más probable que veo las opiniones del mundo como eso: opiniones constructivas que no tienen por qué juzgar su identidad. Esto sería una buena prevención primaria de este y otros problemas.

En cuanto a poder tratar un miedo que ya existe, podemos hacerlo desde múltiples enfoques terapéuticos. Dependiendo del grado de incapacidad que este miedo produce a las personas, pueden aplicarse unos u otros de forma más eficaz.

Sin embargo, es bueno siempre poder tratar las creencias estructurales y analizar posibles problemas de fondo. Un análisis de nuestras creencias hacia nosotros mismos y hacia el mundo nos da una visión general de cómo nos vemos. A partir de ahí, en terapia podemos trabajar para cambiar estas creencias basadas en juicios de valor externos. En este sentido es necesario dos aspectos:

  • Que las valoraciones externas no tengan peso sobre nosotros mismos, tanto para valoraciones positivas como negativas, sino que sean nuestros propios juicios hacia nuestro «yo» lo fundamental a la hora de valorarnos. Para eso es necesario un mayor conocimiento de nosotros mismos y también aceptar nuestras debilidades o dificultades. Ser honestos con nosotros mismos sobre esas debilidades quita cualquier miedo que podamos tener.
  • En relación a lo anterior, hay que estar dispuestos a tener valoraciones o juicios negativos del exterior. Es uno de los aspectos intrínsecos de existir en sociedad. Las críticas negativas son una posibilidad, y ante ellas tenemos dos opciones: o son mentira y no debemos hacer caso ni debemos darle valor o son verdad y tendremos que honestamente aceptarlas, y a partir de ahí, cambiar si queremos eso que «el público ha visto».
  • Que las valoraciones que vienen de fuera estén filtradas por nuestro criterio, recordemos que somos nosotros los que interpretamos estas opiniones o valoraciones de los demás como juicios de valor y que solo nosotros podemos cambiarlas.

De este modo, hablar en público se puede convertir en un momento de expresar lo que somos, es decir, en un acto donde presentamos algo acerca de nosotros hacia el mundo y no en un momento de tensión, ansiedad o incluso angustia.

Bibliografía

  • Caballo, V. E., Salazar, I. C., & Carrobles, J. A. (2014). Manual de Psicopatología y trastornos psicológicos. Madrid: Pirámide.
  • Epicteto. (2011). Equiridion. Barcelona: Anthropos.
  • García, C. (2014). Realidad y Psicología humana. Libro 1: El ser humano y la Realidad. Madrid: Medinaceli.
  • Hacerfamilia.com. (s.f.). Hacerfamilia.com. Obtenido de Los estilos de crianza y su influencia en el comportamiento de los hijos: https://www.hacerfamilia.com/educacion/noticia-estilos-crianza-influencia-comportamiento-hijos-20160711124004.html
  • Lifeder. (s.f.). Lifeder. Obtenido de Glosofobia: Características, Diagnóstico y Tratamiento: https://www.lifeder.com/glosofobia/

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