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¿Por qué nos gusta el cine?, 2ª parte (Estudios de psicología y cine)

En el episodio anterior de “¿Por qué nos gusta el cine?”,  habíamos visto que el cine es una forma de proceso terapéutico en donde podemos revivir de forma indirecta traumas, deseos, sueños, preocupaciones, vivencias,…siendo un fenómeno psicológico parecido al que realiza el niño o la niña cuando realizan juegos simbólicos desde un “como si…”. De esta forma la persona puede sacar a la luz aspectos de su vida que permanecen dormidos, ignorados o desterrados y puede integrar mejor esos aspectos en su personalidad. Pero existen otros fenómenos psicológicos muy relacionados con lo anterior que explican el porqué de la afición general del cine. Veamos pues, nuevamente la relación entre  psicología y cine.

Pensemos paso a paso en lo que ocurre en una sala de proyección: primero el espectador se sienta en un lugar cómodo, reposa, se siente tranquilo. Las luces se apagan y la oscuridad en la que se proyecta la película nos aísla de la realidad exterior, olvidando por un tiempo aquello que nos rodea y fijando nuestra atención en la pantalla que se ilumina. Nuestros sentidos y pensamientos están fijados en la pantalla, en las imágenes y sonidos que van a aparecer, no hay nada que pueda desviar la atención, a no ser que las luces se enciendan y comience a pasar algo a nuestro alrededor. Pero existen otros fenómenos psicológicos muy relacionados con lo anterior que explican el porqué de la afición general del cine.

La oscuridad de la sala de cine y la pantalla, un fenómeno físico “para atrapar al espectador”.


Una vez que comienza la proyección, el espectador se mete en la película, en la historia y en los personajes, a partir de diferentes fenómenos psicológicos. Los fenómenos más importantes serían: la identificación, la contra-identificación, la proyección y la despersonalización. Veamos cada uno de  estos fenómenos psicológicos que se dan cuando alguien contempla una pantalla de cine y sigue la historia que se proyecta en ella:

  1. La identificación: Este fenómeno ocurre porque el espectador ve en el/la  protagonista características con las que se puede identificar. Identificarse significa reconocer algo propio en lo que nos rodea. Pueden ser desde las más básicas, como ser de la misma raza, sexo o edad, pasando también por características situacionales, como vivir en una gran ciudad, ser madre o padre de familia, o llegando a las más complejas, cuando el personaje ficticio “comparte” valores o principios éticos con el espectador. Nuestra mente está constantemente identificando aspectos propios y ajenos,  lo que se parece a nosotros y lo que no, quizá para tener una idea clara de lo que somos. site whois Cuanto mayor sea la identificación que posea con el personaje, más vivirá el espectador la historia, más se adentrará en la trama, viéndose a sí mismo en ese personaje ficticio y pasando por aquellas situaciones por las que pasa el protagonista.
  2. La contra-idenficación: En toda película habrá un personaje antagónico al protagonista, que suele etiquetarse como “el malo”. En este personaje el espectador verá aquellas características que son contrarias a como es él. Este personaje suele tener “el papel” de intentar impedir u obstaculizar que el protagonista culmine con éxito sus deseos. Pero si bien representa en el espectador aquello que no le gusta en otras personas,  también representa aquello que no le gusta o rechaza de sí mismo, aquello que inconscientemente no acepta de sí y que solo se puede ver cuando se proyecta en el otro. Esta parte que se rechaza no se suele dejar salir a la luz, y solo en ciertos momentos como es viendo una película nuestra mente libera aquello que es rechazado. Esto nos lleva al tercer fenómeno psicológico.
  3. La proyección: El espectador atribuye al personaje de la pantalla (una vez que se ha identificado o contra-identificado con él) sus deseos, miedos, sueños, ideas,… Saca a la luz aquello que tiene oculto y deja a la imaginación volar, porque él mismo se deja llevar por la magia del cine, viendo en la pantalla sus más íntimos pensamientos: Deseos como ser famoso o famosa con el reconocimiento del público. Aspectos no reconocidos como la envidia, el rencor o la agresividad, que a través de los personajes ficticios deja salir y experimenta emociones que se suelen llamar negativas y que en muchos casos reprime porque la sociedad las rechaza. Verá cómo se superan miedos o conflictos, cuando el protagonista logra enfrentarse a ese miedo que el espectador le bloquea en la vida real, como: hablar con el chico o la chica que le gusta, enfrentarse a su jefe, liberarse de la educación opresiva en su familia, hablar en público con un discurso decisivo para el país. También en ciertos momentos logra superar la insatisfacción que siente en ciertas partes de su vida, en las que se siente víctima, incomprendida, tratada injustamente, sin capacidad de elección. Así, la persona puede acercarse a esos deseos, miedos y sueños que tanto le cuesta reconocer y que solo deja salir en momentos puntuales, como es viendo una película.
  4. La Despersonalización: Cuando el espectador se deja llevar del todo y utiliza el cine como evasión de la vida diaria, olvida del todo su “yo”, metiéndose y deseando por completo ser la otra persona, aquel protagonista al que parece que todo le sale bien. En este caso el espectador se evade de la realidad gracias al cine. Este hecho ocurre también en otros fenómenos culturales que ayudan a las personas  enajenarse y dejar a un lado el sufrimiento existencial por un momento, como pueden ser los deportes multitudinarios.

Los cuatro procesos psicológicos en el espectador son: Identificación, Contra-identificación, Proyección y Despersonalización

Como vemos, el cine nos ayuda a comprender la realidad, a prepararnos y a aprender sobre ella o a saber que existimos, pero también nos puede llevar a evadirnos y enajenarnos.

Cuando el cine se utiliza como sustituto de la realidad, dejando al lado nuestra propia vida y existiendo a través de esos personajes ficticios puede llevarnos  a vivir nuestra vida únicamente  a través de las representaciones del cine, el teatro o los juegos virtuales, con el riesgo que ello conlleva.

Quien no está conforme con su vida, quien tiene miedo a existir o no tiene conciencia de su propia existencia, puede utilizar el cine como refugio, viéndose existir a través de personajes irreales, viviendo a través de otros aquello que le gustaría vivir. Lo bueno sería disfrutar tanto en la vida propia como en las vidas imaginadas a través del cine, pero  cuando cada vez más las personas sufren de  ansiedad, depresión y en definitiva de una angustia existencial, el cine puede ser uno de los refugios que se permite el ser humano para apaciguar su sufrimiento. Esta forma de pseudo-vida, quizá pueda ser una de las razones del éxito del cine.

Autor: Sergio Delgado. Psicólogo terapeuta.

 Para cualquier consulta: info@psicologiaenlared.com

Bibliografía:

  • Caparros Lera, J.M. (2007). Guía del espectador de cine. Madrid.Alianza Editorial.
  • González. F. (2002). Aprender a ver cine. Madrid. Ediciones Rialp

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