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“Into the wild”, que en España se tituló “Hacia rutas salvajes” (2007), es una película escrita y  dirigida por Sean Pean, conocido por su activismo político y rebeldía frente a la ideología conservadora de Estados Unidos y a favor de gobiernos de izquierda social-comunista como el de Cuba o Venezuela. Algo que parece muy contrario a lo que podría ser la sociedad más conservadora de Estados Unidos en donde el comunismo ha sido una de las ideologías más combatidas por su política dominante. Esta información que puede verse anecdótica, tiene gran relevancia a la hora de analizar la personalidad que refleja el protagonista de la mencionada película. 

Sean Penn, como artista y creador,  expresa a través de esta obra su visión del mundo y de  cómo se existe en él. La existencia de nuestro protagonista, basada en la historia real de Christopher McCandless, es desde una necesidad de estar fuera de la sociedad y sentir una libertad que no puede sentir dentro de las normas y convenciones sociales. Desde su estreno, Hacia rutas salvajes,  ha sido una película  apreciada por este mensaje (igual que el libro en el que se basa), con el que numeroso público se identifica, hasta tal punto, que el gobierno de Alaska tuvo que retirar el genuino autobús, que aparece en la historia, por el riesgo que suponía la peregrinación de numerosos aventureros imitando al protagonista en su búsqueda de libertad. 

La estructura rebelde.

Si nos fijamos en los diferentes diálogos y escenas que transcurren en la película, la principal motivación del protagonista es poder existir fuera de la sociedad en la que vive, con el fin de poder sentir una existencia propia y genuina. Como veremos en el siguiente punto, esta necesidad tiene relación con las experiencias vividas, con el aprendizaje de lo que es uno y de cómo es la existencia propia en el mundo. Es en la estructura rebelde, que el psicólogo Carlos García denomina a esta forma de ser “autónoma inmadura” (2014), donde aparece como determinante de la existencia la premisa de: “Necesito ir en contra de lo establecido por la sociedad, para poder sentir la propia existencia”. Apareciendo en la parte consciente múltiples razones y justificaciones para ese ir en contra: la sociedad no es buena, la sociedad corrompe, es hipócrita, etc. Estos presupuestos los podemos ver en las escenas en la que el protagonista explica su decisión.

Defendiendo al «yo».

El ser humano necesita sentir que todo lo que sale de él, todo lo que hace, cómo se relaciona con el exterior sale del propio “yo”. La sensación de imposición, obligación o incluso coacción, por parte del exterior genera un sentimiento existencial de vacío, lo que podríamos llamar “Alienación”

Frente a este supuesto peligro, el “yo” presenta diferentes defensas que por una parte ayudan a ese “yo” a existir,  pero que por otra, le alejan del entorno que le rodea. Esas defensas le generarán una imposibilidad de adaptarse al entorno y de poder generar una coexistencia pacífica y tranquila con quien le rodea. Entrará en una continua guerra con quien tiene al lado, para sentirse libre y que le generará conflictos personales que en muchos casos se resuelven como en la película. Huyendo a entornos “salvajes” donde no haya otros seres humanos. Para nuestro protagonista de esta historia, solo la existencia en la naturaleza, lejos de la sociedad, es la única forma posible de poder vivir.

Pero por otra parte, aunque no sale reflejado en esta película, esta personalidad, necesitará realizar acciones socialmente juzgadas malas o no deseadas, como defensa sobre la propiedad de sus propias acciones, lo que llevará a pseudo-existencias, desde comportamientos como consumo de sustancias, promiscuidad, saltarse normas de tráfico, apuestas, ausencias en el trabajo (estudios), etc., que ponen en riesgo su propia existencia.

¿Cómo se produce esta estructura de personalidad?

Toda estructura de personalidad se genera en los entornos educativos de los primeros años, en la infancia y la adolescencia. Y las estructuras “rebeldes”, se forman en entornos de poder, con el fin de que el “yo” no desaparezca. Los dos entornos básicos serían el familiar, dentro de la familia de origen, o en entornos sociales donde las condiciones adversas en una persona expuesta prematuramente a esos entornos, generan fuertes defensas. 

En la película mencionada, el origen como se puede ver es en un entorno familiar “de poder”, con las dos formas de poder más habituales y complementarias, y que en la escena familiar podemos observar:

  • El padre encarna al entorno autoritario, que puede utilizar el castigo o la sobreexigencia para que el niño realice una conducta o por el contrario no haga algo que es visto como negativo. De este modo, las obligaciones, coacciones, castigos son herramientas de este entorno autoritario.
  • Por otro parte, la madre encarna un entorno de poder muy sutil y que muchas veces no es visto a los ojos del observador. Son las relaciones de poder madre-hijo basadas en vínculos posesivos, visto muchas veces como “sobreprotección”, con herramientas como los chantajes psicológicos, las coacciones afectivas o la victimización de la progenitora si el niño no realiza lo que quiere ésta. Formas sutiles de quitar el afecto ante conductas, moldeando el yo desde un miedo a dejar de ser querido o incluso cuidado. Algo que en el niño, en los primeros años, es quizás más importante que el miedo a un castigo. 

De este modo, un niño educado en un entorno que presiona al “yo” de múltiples formas (directas o sutiles), siente que no se le está teniendo en cuenta, que peligra ante una posible alienación, disgregando la propia existencia (el propio hacer) de su propio ser (su esencia) y puede comenzar a sentir que aquello que hace, realiza o decide en realidad no sale de él, sino que el origen es ese entorno. De este modo comienza a defenderse, queriendo unir su existencia (lo que hace) con su ser (lo que es), algo vital para la salud mental de la persona. El problema, es que estas defensas del yo, son defensa artificiales desde un “contrapoder” o “contra-control”, intentando una autonomía, alejándose del entorno, pero fallando en el desarrollo del propio ser, ya que se aleja del aprendizaje de entornos más reales y que ayudan a formarse, a madurar y en muchos casos comenzará una relación beligerante con cualquier entorno, estando en  lo que se llama “ a la defensiva”, con actitudes que le perjudicará en su relación con el entorno. 

¿Qué rasgos definen a esta personalidad?

Existen algunas características básicas que tienen estas personalidades rebeldes, que buscan la libertad e independencia pero en la que no se produce una madurez real. En su estructura de personalidad, tendrá ciertos axiomas o creencias que dictarán y determinarán su forma de existir (de relacionarse con el entorno). Algunas de estas creencias serán:

  • El entorno es peligroso y puede explotarme o abusar de mí.
  • Debo estar muy atento a que no me controlen desde fuera. 
  • Tengo que medir todo lo que sale de mí y llega a mí, no estando descompensado: no debo permitir que lo que doy sea más de lo que me da el entorno. 
  • Si el entorno me ha quitado debo compensarlo, debo buscar justicia. En algún momento puedo ir contra la ley como derecho de esa justicia personal. 
  • En la sociedad hay muchas obligaciones, debo huir de esas obligaciones. Si voy en contra de lo establecido, me siento existir (como tomar drogas, promiscuidad, enfrentarse a la autoridad, saltarse las normas,etc). 

Así pues, se entra en una beligerancia con el entorno por la creencia de robo, control o explotación por parte de este. Incluso, desde ese conflicto con el entorno, se puede generar la idea de que: “antes de que manden, debo mandar  yo”, siendo igual de autoritario o controlador que esa figura de la que se defendía. Esta forma de defensa se ve claramente en otra película que representa a la personalidad autónoma-inmadura, como es “Captain Fantastic”(2016).

Por otra parte quiere que se le acepte, se le tolere todo, desde una búsqueda de libertad (lo contrario que hacían alguno o los dos progenitores) pero a la vez cae en la contradicción de no tolerar al otro. Existe una fuerte crítica social a todo lo que ve como dominante, generando una intolerancia a lo normativo, cuando defiende la libertad o la tolerancia. Solo tolerará lo que entre en sus criterios  (muchas veces contraculturales), buscando micro-entornos (tipo “tribu”) y huyendo de macro-entornos. 

Ante todos estos problemas, una de las formas de “solucionar” los múltiples conflictos  con el entorno y que en el fondo le generan sufrimiento, es la huida a entornos aislados y fuera de “la cultura dominante”. En la película aparece el entorno de Alaska como símbolo de ese entorno virgen e idealizado en donde no habrá “nadie” con el que se pueda sentir conflictos y lograr una existencia en donde la libertad sea el mayor valor. Pero este entorno puede ser también un pueblo aislado, un país lejano o una existencia retirada de todo lo que “huela” a sociedad. 

¿Es la rebeldía la solución?

Tal y como aparece en la película, el riesgo de esta existencia salvaje es el aislamiento y la soledad. En el caso de la película este aislamiento le genera un riesgo a su vida. Sin desvelar el final al lector, sólo señalar que la vida aislada es mucho más complicada y difícil que la vida en comunidad. El ser humano es un ser social y necesita del contacto y también de la colaboración entre los individuos. La imposibilidad de compartir y colaborar desde creencias irreales que le apartan de la compañía del otro, reduce su viabilidad existencial, aunque pueda creer lo contrario. La rebeldía es una estructura de personalidad en la que el sujeto defiende su “yo”, pero que en muchos casos dichas defensas perjudican a la persona en sí.

La mejor defensa para un “yo”, que ha podido estar en peligro durante su desarrollo, es la maduración personal. Esta se logra desde la realización, con la adquisición de los valores reales que fortalecen al ser humano: verdad, honestidad, diligencia, responsabilidad, amor, conocimiento,…que pueden recordar a las virtudes clásicas que en este tiempo posmoderno se están perdiendo, olvidando o incluso atacando. Sócrates, que fue el ser humano real independiente y autónomo por excelencia, no tuvo que ser rebelde ni entrar en conflicto con su entorno. Eso sí, el entorno fue quien entró en guerra con él, logrando su muerte, odiando su independencia y autonomía real. 

Bibliografía

  • García, C. J. (2015). Realidad y Psicología Humana, Libro 3: Los trastornos humanos de irrealidad. Madrid: Autoria Medinaceli.

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