Es importante conocer la diferencia entre el estado depresivo o trastorno depresivo mayor y la personalidad depresiva, ya que muchas veces pueden confundirse.

La primera sería un estado más transitorio con un pico alto de síntomas en un momento determinado, mientras que el estilo de personalidad sería un estado más o menos constante de esquemas depresivos en la persona que le producen una visión negativa de la vida de forma generalizada (Millon, 2006).

Como hemos visto en anteriores artículos, el trastorno depresivo ocurre con la presencia en un periodo de al menos dos semanas de pérdida del interés o el placer por casi todas las actividades de la vida de la persona.

Además, pueden acompañar otros síntomas como pérdida o aumento de peso, insomnio, fatiga, sentimientos de inutilidad o culpa, disminución de la capacidad de pensar o incluso pensamientos suicidas (APA, 2013).

Por lo tanto, se trata de un estado puntual donde los síntomas que lo acompañan no han estado presentes necesariamente en la persona desde años atrás, sino que aparecen de manera más o menos repentina.

Por otro lado, la personalidad depresiva es un patrón más o menos constante de esquemas que dotan a la persona de unas características gobernadas por la tristeza y el abatimiento, con un sentimiento de ser inútiles e incluso absurdas (Millon, 2006).

Como sabemos, la personalidad suele formarse en etapas del desarrollo anteriores a la etapa adulta. Por lo tanto, aunque estas personas pueden estar más o menos deprimidas, su depresión es más bien producto de una forma de pensar, sentir y percibir.

A continuación presentamos una tabla donde se describen las principales diferencias de la depresión como rasgo y la depresión como estado.

 

TABLA 1. Diferencia entre el trastorno depresivo y el estilo de personalidad depresivo (Millon, 2006)

Característica Trastorno depresivo mayor Estilo de personalidad depresivo
Estado de ánimo Tristeza y abatimiento Menos intenso, pueden llegar a sentir placer
Sentimientos hacia uno mismo Incompetencia, inutilidad, baja autoestima Mismos sentimientos, aunque son capaces de tomar más decisiones constructivas
Juicios personales Demasiado críticos consigo mismos Se centran más en aspectos negativos, pero también son capaces de ver los positivos
Preocupaciones Tienden a preocuparse por todo en profundidad Se toman más su tiempo para pensar de forma realista
Juicios externos En ocasiones critican demasiado y llevan la contraria a los demás Suelen alterarse con personas que exageran lo bueno y son poco realistas
Optimismo/pesimismo Son generalmente pesimistas Más realistas
Culpabilidad Suelen sentirse demasiado culpables o arrepentidos No suelen excusarse ni obsesionarse por los fallos percibidos

 

 

El origen de ambos por lo tanto también será diferente. Como hemos podido ver en artículos anteriores:

El trastorno depresivo puede desencadenarse por diferentes factores. Desde la psicología humanista y cognitiva, suele trabajarse desde un análisis de creencias y personalidad. Son diferentes los estilos de personalidad que pueden llevar a la persona a patrones desadaptativos que puedan desencadenar una sintomatología depresiva. Estilos dependientes, paranoides, antisociales, negativistas o evitativos pueden llevar a la persona a una serie de trastornos, incluida la depresión.

  • Por otra parte, la personalidad depresiva es un patrón de esquemas más o menos estables que formará nuestra visión de la realidad, tanto interna como externa, formado durante las primeras etapas del desarrollo. Por lo tanto, es más estable y duradero, aunque el grado de síntomas que produce no es tan negativo.

 

Por lo tanto, el estilo de personalidad depresivo presenta sintomatología menos intensa. Son personas que pueden llegar a desenvolverse en su vida, tomar decisiones de manera más realista e incluso pueden ver aspectos positivos.

Además de su origen, su tratamiento también será diferente, ya que una persona con depresión puede no tener necesariamente un estilo de personalidad depresiva.

Desde enfoques humanistas o cognitivos, podemos analizar el tipo de personalidad de base que determina a la persona. No será el mismo tratamiento el de un dependiente que no consigue vincularse que el de un paranoide que se ve sin defensas para luchar contra el mundo que el de un depresivo desesperanzado que no vea posible alcanzar la felicidad de ninguna manera.

Debemos por ello ver cada caso de manera individual y así realizar un tratamiento personalizado a cada persona. En casos donde se aplique un tratamiento más conductual será posible trabajar abordando específicamente el trastorno depresivo. Aunque detrás de este trastorno, como hemos visto, pueden esconderse otros problemas de base. Por ello, se hace necesario averiguar las necesidades o carencias que la persona considera que tiene y que le provocan un malestar.

Por otra parte, para trabajar con personalidades depresivas de fondo, puede ser más interesante hacerlo trabajando directamente sobre las creencias. Esto es debido a que lo que necesitamos es modificar estos patrones o esquemas que hacen a la persona sentir, pensar y actuar de manera negativa y desesperanzada. El objetivo de ello sería que la persona varíe sus esquemas disfuncionales a otros más adaptativos y reales.

Las personas con una personalidad depresiva van a creer básicamente dos cosas: por una parte, que el mundo debería darles la felicidad y, por otra parte, que esa felicidad es una utopía. Por lo tanto, trabajar sobre estas creencias desde un análisis profundo de su origen y enseñando nuevos valores basados en la realidad y la capacidad del propio ser de ser artífice de su bienestar sería importante para abordar los esquemas de fondo.

Las personas que sufren una depresión mayor sienten que es absurdo dedicar más energías a su existencia y bienestar ya que no es posible alcanzarlas por uno mismo. Esto produce una falta de placer en cualquier actividad de su vida. La diferencia es que pueden tener otro estilo de personalidad que les produzca creencias donde se pueda alcanzar una existencia óptima consiguiendo o protegiéndose del mundo, solo que esto no les ha funcionado.

El ejemplo de ello lo encontramos en la persona dependiente que no consigue un vínculo, en el antisocial que no tiene más remedio que relacionarse o en el evitativo que no consigue aislarse.

 

Si quieres conocer más en profundidad acerca de este tema, no te pierdas los siguientes artículos:

Trastorno Depresivo – http://www.psicologiaenlared.com/trastorno-depresivo/

La personalidad Depresiva – http://www.psicologiaenlared.com/la-personalidad-depresiva/

 

 

Bibliografía

American Psychiatric Association. (2013). DSM-5. Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5ªed.).

Millon, T. (2006). Trastornos de personalidad en la vida moderna. Barcelona: Elsevier.

 

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